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Entrevista a José Félix Hoyo, médico de urgencias del hospital de Móstoles (Madrid)
Recibida de Médicos del Mundo el 26-01-2004 a las 12:01

José Félix Hoyo de 38 años, trabajó en las emergencias del Huracán Mitch en Honduras (1998); Conflicto bélico en East Timor (1999; Terremoto de El Salvador (2001) y Terremoto en Bam, Irán (2003-4).

¿Cómo es la imagen de un terremoto, de una ciudad destruida como Bam en Irán?, ¿Qué diferencias encuentras con el terremoto en El Salvador?

Desolador. La ciudad histórica de Bam ha sido destruida casi por completo, reducida a escombros, es un daño muy localizado pero tremendo, prácticamente no queda piedra sobre piedra. Los primeros momentos fueron de confusión, de rapidez en la asistencia ante la imagen de miles de muertos y heridos; trabajamos a destajo entre el polvo y el hedor procedente de los soterrados. Posteriormente y tras el impacto inicial, las ruinas se convirtieron en bullicio de gente desesperada que buscaban ayuda o la foto de algún familiar entre los sepultados, entre las máquinas o en las fosas comunes. Al cuarto dí­a por fin reinó la organización, no sin la colaboración del ejército y la ayuda internacional desplazada a la catástrofe.

La rueda de evacuación aérea fue muy organizada, y el trabajo de la media luna roja muy ágil. Una semana después los muertos estaban enterrados, los heridos ingresados en los hospitales y los vivos, o desplazados, se encaminaron hacia otros lugares del paí­s o se instalaron en las tiendas de campaña. No nos faltó agua, abrigo y comida: atún y judí­as como único alimento. Se garantizó la sanidad básica con más de 200 camas de hospitalización y pequeños hospitales de campaña dispersos por la ciudad y la periferia. En unos dí­as la emergencia habí­a acabado. La
post-emergencia y la reconstrucción, sin embargo, durarán años.

En comparación con El Salvador, la catástrofe fue de mayor extensión pero de menor intensidad, la estructura sanitaria del paí­s estaba casi intacta; sin embargo, los damnificados estuvieron peor atendidos, posiblemente por la dificultad logí­stica de auxiliar una gran extensión. A 30 kilómetros de Bam, la vida continuaba su ritmo habitual, en contraste, en El Salvador el terremoto afectó de modo parcheado, casi a la totalidad de este pequeño paí­s (en superficie).

¿Qué tareas realizasteis?

Cuando partes hacia una emergencia, cualquier planteamiento previo resulta, con toda probabilidad, erróneo. Es muy difí­cil que los medios de comunicación describan una idea real de la magnitud del daño producido. Por lo tanto, la primera misión a realizar es un reconocimiento de la zona lo antes posible.

Para ello, a nuestra llegada, tras las trece horas de vuelo en Hércules, se desplazó un equipo en helicóptero hasta el mismo centro del propio Bam. Otra parte del equipo inició el trabajo en el aeropuerto de Kerman, a 180 km. de Bam, centro neurálgico de la evacuación aérea, clasificando los pacientes según gravedad, valorando las condiciones y necesidad de traslado a centros con mayor capacidad quirúrgica (básicamente hospitales de Teherán) y reduciendo e inmovilizando fracturas inestables.

En conjunto, pasaron por este aeropuerto más de 3.000 pacientes, y Ricardo Angora, presidente de Médicos del Mundo, traumatólogo y cooperante de base, se hizo rápidamente con las riendas, la amistad y el cariño de los médicos iraní­es allí­ presentes. En el aeropuerto no habí­a traumatólogos, y su experiencia le convirtió en el director de la evacuación. Incluso con tiempo para la docencia a los jóvenes doctores iraní­es, que nos ayudaron, con hospitalidad persa, en nuestras necesidades aduaneras y logí­sticas.

El equipo desplazado a Bam: Mario Valdes, médico de emergencias extrahospitalarias, José Araguas, logista, y yo mismo, realizamos inicialmente una valoración de los daños reales de la ciudad de Bam y posteriormente prestamos asistencia sanitaria en la clí­nica Jomeini junto a un equipo de médicos y enfermeros iraní­es y afganos, atendimos desde curas de heridas hasta legrados o partos, pasando por inmovilización de fracturas. El primer dí­a, tras la catástrofe, se atendieron en este centro a 2.300 pacientes, con el material recuperado entre las ruinas del hospital Jomeini, recogí­do por el personal sanitario el dí­a siguiente a la catástrofe. La clí­nica era un almacén prefabricado frente al hospital derruido, que por sus caracterí­sticas arquitectónicas resistió el seí­smo.

Médicos del Mundo ha firmado un preacuerdo con el viceministro de sanidad iraní­ desplazado a la zona para la construcción de un centro de salud y para participar en la rehabilitación de la ciudad.

El dí­a 28 de diciembre, a la 1 del mediodí­a, te avisan para desplazarte a Irán en el vuelo de la AECI que partí­a a las 3 de la tarde. Con dos horas para reaccionar ¿qué pasa por tu cabeza?

Tu cabeza dice que no. Que cómo vas a llegar en hora y medí­a a Torrejón, con una maleta improvisada en veinte minutos, y dejando atrás a toda tu familia en unas fechas tan señaladas. Todo está dispuesto, tienes que trabajar... y por supuesto, es imposible irte. Bien, solo piénsalo, llama a alguien que igual pueda sustituirte en el trabajo ... Y lo vas pensando, y llamas con la esperanza de que te digan que otra persona puede ir a la emergencia. Y al final piensas en el pasado, y en las caras de la gente que has visto en otras emergencias, y en la cruz de la victoria de los niños de Timor y en la familia Oliva, del pueblo de Honduras, al que nunca habí­a llegado un médico, y en la gente del Salvador, bajo sus champitas de plástico.... Y al final te tienes que ir, porque casi es tu obligación, y porque es un honor recibir esa llamada y tener la posibilidad de participar en este trabajo. Y de pronto estás sentado en el avión, y allá vas con el cerebro y el corazón dividido, pero con la seguridad de que tu elección es la correcta.

Has asistido a emergencias por desastres naturales y por conflictos internos de la población, ¿qué las diferencia?

Las catástrofes naturales son terribles, dejan cientos de huérfanos, más de 40.000 muertos en Bam... Decenas de miles de heridos... Una ciudad destrozada... El trabajo, las consecuencias, son similares.... Pero la guerra duele mucho más, la guerra duele por dentro, porque las personas son iguales y atiendes a pacientes de ambos bandos, y las heridas se las han producido entre ellos, y a veces te apena profundamente pertenecer a la misma especie.

En las catástrofes naturales se crea una especie de solidaridad básica, ancestral y profunda, más allá de los conflictos polí­ticos, religiosos y sociales, entre los afectados y los cooperantes. En los conflictos bélicos uno a veces se avergí¼enza de ser igual que los demás.

¿Sustituiste los langostinos y el cava en Madrid por alubias y atún en Bam?

Las alubias y el atún me gustan, pero quizá no las desayune, coma y cene todos los dí­as, de todos modos la dieta monotemática del cooperante no es inusual, en Timor estuvimos tres dí­as comiendo remolacha en lata... Al fin y al cabo esto es mucho más variado. Lo importante no es la dieta, sino la compañí­a, y el equipo de personas que viví­amos en el autobús de Bam resultó ser una agradable e inesperada compañí­a de fin de año.




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