{"id":15020,"date":"2019-08-19T08:08:21","date_gmt":"2019-08-19T08:08:21","guid":{"rendered":"https:\/\/urcm.net\/vientosur\/?p=15020\/"},"modified":"2019-08-19T08:08:00","modified_gmt":"2019-08-01T06:08:34","slug":"democracia-directa-y-referendum-un-legado-revolucionario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/urcm.net\/vientosur\/democracia-directa-y-referendum-un-legado-revolucionario\/","title":{"rendered":"Democracia directa y refer\u00e9ndum: un legado revolucionario"},"content":{"rendered":"<p>Durante los tres meses del movimiento social de la primavera de 2016 en Francia se vieron florecer proyectos que retomaban peticiones masivas contra la ley laboral o intentos de imponer por petici\u00f3n a los diputados que votaran la censura contra el art\u00edculo 49.3 y el ensayo de <i>votaci\u00f3n <\/i>impulsado por las centrales sindicales. Todos estos proyectos sonaban a refer\u00e9ndum y anunciaron la funci\u00f3n que desempe\u00f1a el Refer\u00e9ndum de Iniciativa Ciudadana (RIC) para los <i>chalecos amarillos<\/i>. En cuanto al fondo, el RIC es una especie de respuesta a los desastres democr\u00e1ticos a que condujeron el voto griego contra la Troika o las votaciones de 2005, francesa y holandesa, contra el proyecto de Constituci\u00f3n europea, todas ellas pura y simplemente anuladas por los gobernantes\u2026<\/p>\n<p>En el caso franc\u00e9s de 2005, un refer\u00e9ndum tributario claramente de las instituciones autoritarias de la V Rep\u00fablica, notamos perfectamente que el voto popular tend\u00eda a asemejarse en algunos aspectos a un ejercicio democr\u00e1tico, en el sentido antiguo, el que permite una expresi\u00f3n popular directa. Este tipo de votaci\u00f3n funciona de hecho en el punto de uni\u00f3n de los dos significados comunes de la palabra <i>democracia<\/i>, donde encontramos tanto la idea de un gobierno que acepta comparecer peri\u00f3dicamente ante el electorado como la de una intervenci\u00f3n directa de la gente en asuntos que le preocupan. Entre los dos significados ahora existen en la mayor\u00eda de pa\u00edses, incluso desarrollados, evidentes elementos de crisis de representaci\u00f3n pol\u00edtica, tras unas elecciones vividas como verdaderos atracos, como las de Trump o Macron, por citar solo dos. En resumen, mucho antes del comienzo del movimiento de los <i>chalecos amarillos<\/i> ya se plante\u00f3 la <i>cuesti\u00f3n democr\u00e1tic<\/i>a y conven\u00eda reflexionar sobre su lugar en los movimientos sociales.<\/p>\n<p>Volver a las fuentes de esta confrontaci\u00f3n entre la <i>representaci\u00f3n<\/i> y las exigencias de expresi\u00f3n popular nos puede llevar lejos porque el debate sobre la democracia (el <i>poder del pueblo<\/i>, en sentido literal) se remonta a la Antig\u00fcedad griega. Pero tambi\u00e9n podemos volver a un pasado menos lejano, en el que ciertas iniciativas populares de los \u00faltimos meses nos han demostrado que podr\u00eda reaparecer con una facilidad desconcertante. Cuando por parte de los movimientos progresistas se opone democracia formal y <i>democracia directa<\/i>, se remite en la mayor\u00eda de los casos a breves e intensas situaciones revolucionarias, como la Catalunya o Arag\u00f3n de 1936-1937, o ciertos periodos del comienzo de la Revoluci\u00f3n rusa en 1905 y m\u00e1s tarde entre 1917 y 1919 y, sobre todo, a la Comuna de Par\u00eds de 1871. Libertarios y marxistas, en todas sus variantes, siempre han otorgado una importancia capital a este movimiento. Los parisinos de 1871, neg\u00e1ndose a capitular ante las tropas del rey de Prusia y ante el ej\u00e9rcito del Parlamento de Burdeos y m\u00e1s tarde de Versalles, crearon efectivamente su propio poder popular y trataron de defenderlo con las armas, hasta la masacre de la <i>semana sangrienta<\/i>. Podemos partir aqu\u00ed de una pregunta sencilla: \u00bfpor qu\u00e9 los parisinos y las parisinas de 1871 optaron por llamar a lo que estaban creando la <i>Comuna de Par\u00eds<\/i>?<\/p>\n<p>La respuesta, evidente, es que los comuneros trataron de apoyarse en la memoria de la Comuna de Par\u00eds, tal como hab\u00eda existido durante la Revoluci\u00f3n francesa, b\u00e1sicamente en 1792-1794. Los combatientes parisinos de 1871 hicieron esta elecci\u00f3n a pesar de estar separados del periodo de 1789-1799 por casi un siglo, por lo menos tres generaciones, y de tener a su disposici\u00f3n un repertorio pol\u00edtico e insurreccional mucho m\u00e1s reciente con las revoluciones de 1830 y 1848-1852. Sin embargo, los comuneros acordaron luchar y finalmente morir bajo esta bandera de la Comuna. No solo para levantar una bandera de los viejos tiempos, sino para defender su forma de vida durante el asedio, toda una concepci\u00f3n de la vida en sociedad, valores, como dicen, incompatibles con los defendidos por Versalles y su ej\u00e9rcito.<\/p>\n<p>En el meollo de esta forma de vida y estos valores hab\u00eda necesariamente algo m\u00e1s que un recuerdo lejano: las pr\u00e1cticas pol\u00edticas arraigadas en la vida de los barrios y en el trabajo, una concepci\u00f3n de la democracia diferente de las del enemigo. \u00bfPodr\u00edan estos valores y estas pr\u00e1cticas, a pesar del tiempo transcurrido, estar m\u00e1s o menos directamente relacionados con lo que se hab\u00eda construido durante la primera Revoluci\u00f3n francesa? Cabe pensarlo, en la medida en que esta experiencia democr\u00e1tica y social, ya antigua, afect\u00f3 a un enorme n\u00famero de personas durante un periodo de diez a\u00f1os, un per\u00edodo de movilizaci\u00f3n excepcional despu\u00e9s de los siglos que hab\u00eda durado el Antiguo R\u00e9gimen. A pesar de los a\u00f1os de reacci\u00f3n, toda la sociedad francesa permaneci\u00f3 empapada de estos recuerdos, que cada crisis revolucionaria e incluso cada revuelta obrera importante en las d\u00e9cadas de 1830 y 1840 revivi\u00f3, hasta llegar a la Comuna.<\/p>\n<p>Sabemos perfectamente que referirse a la Revoluci\u00f3n francesa nunca es neutral y que en Francia esta referencia arrastra a menudo una fuerte dosis de chovinismo. Los pol\u00edticos de la derecha, pero sobre todo los de la izquierda, suelen hablar de la Gran Revoluci\u00f3n en un tono patriotero y nacionalista. Esta palabrer\u00eda es para ellos una forma de hablar impl\u00edcitamente no solo de la Revoluci\u00f3n, sino de toda la historia de Francia, de su <i>contribuci\u00f3n<\/i> a la historia de la humanidad, incluidas sus empresas coloniales, como un hecho globalmente progresista, al menos <i>en \u00faltima instancia<\/i>. Por tanto, debemos permanecer atentos, pero tambi\u00e9n ser m\u00e1s curiosos de lo que solemos ser repecto a esta historia, desde hace mucho tiempo, porque la ignorancia no ayuda. La Revoluci\u00f3n francesa no es la <i>madre de todas las revoluciones<\/i> y hay una literatura apasionante sobre las corrientes radicales en la Revoluci\u00f3n inglesa del siglo XVII y norteamericana del XVIII, pero los diez a\u00f1os del caso franc\u00e9s realmente merecen que nos detengamos en \u00e9l.<\/p>\n<p><b>1. Revoluci\u00f3n e invenci\u00f3n democr\u00e1tica<\/b><\/p>\n<p>El desarrollo pr\u00e1ctico de toda la Revoluci\u00f3n francesa, desde 1789 hasta 1795, se inscribe en una alternancia permanente entre votaciones masivas e insurrecciones populares. Esto no hay que olvidarlo nunca porque muy pocas veces se explica que la naturaleza masiva y la duraci\u00f3n excepcional de la Revoluci\u00f3n tienen que ver en gran parte con la multiplicidad e intensidad de las pr\u00e1cticas colectivas de la poblaci\u00f3n, incluidas las formas de votaci\u00f3n y elecci\u00f3n. Por supuesto, hay que precisar que estas formas pr\u00e1cticas de votaci\u00f3n y elecci\u00f3n eran muy diferentes de las nuestras, pero que gozaban de una legitimidad considerable, porque se basaron en asambleas de ciudadanos, reuniones de vecinos en aldeas, pueblos y barrios (<i>secciones<\/i>) de las grandes ciudades. As\u00ed, junto con las insurrecciones y las batallas, la Revoluci\u00f3n francesa tambi\u00e9n se bas\u00f3 en una inmensa red duradera de asambleas de ciudadanos (y, a veces, de ciudadanas).<\/p>\n<p>Al principio fue la monarqu\u00eda la que tom\u00f3 la iniciativa pol\u00edtica que <i>desencaden\u00f3<\/i> la Revoluci\u00f3n: convoc\u00f3 para 1789 unos <i>estados generales<\/i>, una instituci\u00f3n desaparecida desde hac\u00eda casi dos siglos (1614), con un prop\u00f3sito espec\u00edfico: llevar a cabo elecciones controladas para que una asamblea leg\u00edtima votara los impuestos que precisaba el gobierno; se trataba de forzar al clero y a la nobleza, las dos \u00f3rdenes (o estados) privilegiadas, a pagar el impuesto.<\/p>\n<p>La convocatoria de los estados fue, por lo tanto, un cauteloso intento reformista, pero otorg\u00f3 a los s\u00fabditos del rey la capacidad de redactar <i>cuadernos de quejas<\/i> locales. Por lo tanto, no solo era una cuesti\u00f3n de elegir, sino tambi\u00e9n de redactar <i>mandatos<\/i> para los diputados, una especie de programas pol\u00edticos locales. Toda clase de personas se dedicaron entonces a escribir <i>modelos<\/i> de cuadernos que circulaban, originando as\u00ed una primera campa\u00f1a de prensa p\u00fablica. Se puso en marcha de este modo un inmenso movimiento de redacci\u00f3n, un gigantesco intento de escritura, en el que se multiplic\u00f3 el n\u00famero de peri\u00f3dicos y folletos publicados; esto cre\u00f3 un vasto caleidoscopio de opiniones, necesariamente contradictorias. Un fen\u00f3meno inaudito.<\/p>\n<p>En respuesta al esfuerzo de la monarqu\u00eda por autorreformarse, decenas de miles de cuadernos de quejas de 1789 invocaban con facilidad el patrocinio del rey, pero su aparente conformismo tambi\u00e9n pudo enmascarar la insolencia de los <i>s\u00fabditos de Su Majestad<\/i>: al celebrar profusamente la <i>bondad<\/i> del rey, felicit\u00e1ndole en exceso, llegar\u00eda el momento en que se cobrar\u00edan sobre todo su cabeza: es la burla, de la cual el rey, por absoluto que fuera, y sus dignatarios nunca supieron realmente si era carne o pescado.<\/p>\n<p>La constituci\u00f3n de los estados generales se organiz\u00f3 seg\u00fan una divisi\u00f3n territorial y social arcaica y seg\u00fan formas medievales obsoletas. El clero, representante de la divinidad, y la nobleza votaban por separado, y val\u00edan tanto como el 98% del resto de la poblaci\u00f3n, los plebeyos del tercer estado. Las elecciones de este tercer estado se realizaron en etapas sucesivas, desde las comunidades de habitantes, las parroquias y los gremios en las ciudades hasta las reuniones en las sedes de antiguos jueces (las <i>bail\u00edas<\/i> y <i>senescal\u00edas<\/i>), donde los delegados elegidos en la base seleccionaban las quejas y se autoseleccionaban, escogiendo a los diputados que finalmente ser\u00edan elegidos e ir\u00edan a Versalles.<\/p>\n<p>Los cuadernos adoptados en la base se revisaban a fondo en las circunscripciones secundarias, donde se seleccionaba a los <i>verdaderos<\/i> diputados del tercer estado, quedando de este modo una representaci\u00f3n <i>desnatada<\/i>, con la formaci\u00f3n de una especie de frente pol\u00edtico, de una alianza encuadrada por grandes notables que movilizaron as\u00ed una legitimidad abrumadora. Esta alianza se impondr\u00e1 a una parte de los diputados de las dos \u00f3rdenes privilegiadas, el clero y la nobleza, y permitir\u00e1 en Versalles que por mayor\u00eda se decida transformar los estados en una \u00fanica <i>Asamblea Nacional Constituyente<\/i>. Esta transformaci\u00f3n situ\u00f3 a la monarqu\u00eda frente a un interlocutor inesperado, una asamblea nacional leg\u00edtima que iba mucho m\u00e1s all\u00e1 del impuesto.<\/p>\n<p>A decir verdad, este procedimiento de selecci\u00f3n de hombres y quejas tambi\u00e9n fue una experiencia pol\u00edtica nueva, incluso para aquellos que no lograron que se les escuchara. Detr\u00e1s del \u00e9xito fundacional del tercer estado, que se afirm\u00f3 como la inmensa mayor\u00eda del pa\u00eds, gran parte del <i>pueblo propiamente dicho<\/i> no ten\u00eda voz. Los campesinos y artesanos de 1789 dominaban mal la pr\u00e1ctica de la escritura y de la redacci\u00f3n de los cuadernos, pero participaron lo mejor que pudieron. En la elaboraci\u00f3n de las quejas, su punto de vista contrario al de los se\u00f1ores qued\u00f3 en gran medida inundado en los cuadernos primarios y, especialmente, en los de las asambleas secundarias. Sin embargo, tambi\u00e9n fue una gran escuela para ellos, una experiencia fundacional, profunda; a partir de la adopci\u00f3n de los cuadernos locales, la idea de poner las reivindicaciones por escrito seguir\u00e1 vigente durante los siguientes diez a\u00f1os: cada vez que los ciudadanos se re\u00fanan, tender\u00e1n a retomar la palabra y la pluma.<\/p>\n<p>El \u00e9xito global de la transformaci\u00f3n de los <i>estados generales<\/i> de Versalles en <i>Asamblea Nacional<\/i> y la resistencia del poder real a esta nueva autoridad leg\u00edtima explican a su vez el poder del movimiento popular de autodefensa: el 14 de julio en Par\u00eds, el pueblo se arm\u00f3 tomando el arsenal de los Inv\u00e1lidos y despu\u00e9s el de la Bastilla. \u00c9xito y politizaci\u00f3n masiva. Como un eco, en la provincia surgi\u00f3 el gigantesco movimiento llamado del <i>gran mied<\/i>o: un rumor omnipresente difundi\u00f3 la amenaza de una inminente destrucci\u00f3n de cultivos, un peligro militar impreciso, pero vivido como real; para hacerle frente se improvisaron autoridades locales, la gente se arm\u00f3; para requisar armas se realizaron incursiones en los castillos, donde ya se intent\u00f3 destruir los archivos se\u00f1oriales. Este movimiento de municipalizaci\u00f3n y armamento transform\u00f3 la situaci\u00f3n definitivamente, tomando el relevo de las asambleas electivas de comienzos de 1789. La monarqu\u00eda absoluta qued\u00f3 definitivamente debilitada frente a la Asamblea Nacional, de la que nadie sab\u00eda a\u00fan si pod\u00eda resistir de manera duradera, pero las consecuencias ir\u00e1n a su vez m\u00e1s all\u00e1 del objetivo pol\u00edtico inicial.<\/p>\n<p>Quienes comenzaban a autodenominarse <i>ciudadanos<\/i> y, en ocasiones, <i>ciudadanas<\/i>, no conceb\u00edan sus derechos pol\u00edticos asociados \u00fanicamente a la votaci\u00f3n. Tambi\u00e9n quer\u00edan portar armas, un privilegio que justo estaban arrebatando a los nobles con la formaci\u00f3n de sus propias guardias nacionales, y ejercer su derecho a expresarse libremente mediante peticiones o a leer una prensa libre\u2026 Arrancaron los debates sobre c\u00f3mo organizar las nuevas autoridades. En el caso de Par\u00eds, los 60 distritos que hab\u00edan sido las estructuras electorales de 1789 se transformaron en asambleas permanentes que debat\u00edan hasta el infinito sobre las limitaciones que quer\u00edan imponer los ciudadanos a las autoridades del futuro ayuntamiento de Par\u00eds. Ah\u00ed es donde podemos encontrar el primer debate moderno sobre el <i>mandato imperativo<\/i> y la <i>revocabilidad<\/i> de los cargos electos. Al mismo tiempo, los miembros de la Asamblea Constituyente decidieron abandonar todos los mandatos imperativos que hab\u00edan recibido de sus \u00f3rdenes ya difuntas, de sus provincias o ciudades de elecci\u00f3n, para discutir libremente sobre la refundici\u00f3n de todas las instituciones.<\/p>\n<p>La Asamblea debati\u00f3 primero, en este marco, sobre el modo de controlar las nuevas estructuras espont\u00e1neas, los ayuntamientos y la guardia nacional, cuyo reemplazo organizar\u00e1 con motivo de los procesos electorales organizados a lo largo de 1790. La Asamblea Constituyente generaliz\u00f3 deliberadamente la elecci\u00f3n como un medio de acceso a todos los <i>cargos p\u00fablicos<\/i>, con mandatos muy cortos de hasta dos a\u00f1os, lo que seguir\u00e1 siendo la norma hasta el final de la d\u00e9cada, pero no aprob\u00f3 el mandato imperativo ni la revocabilidad de los cargos electos.<\/p>\n<p>Para estas elecciones (Aberdam, Bianchi, Gainot <i>et al<\/i>., 2006), el procedimiento que permiti\u00f3 la formaci\u00f3n de los estados generales sigui\u00f3 siendo l\u00f3gicamente el modelo de referencia: fue el que hizo posible que se reunieran varios millones de votantes en unas 50.000 asambleas elementales. Sobre la base de este modelo, tanto las asambleas municipales como las cantonales deliberar\u00e1n y luego elegir\u00e1n en su seno a quienes las administren, pero tambi\u00e9n a las que se reunir\u00e1n a su vez en asambleas <i>electorales<\/i> secundarias y finalmente elegir\u00e1n las administraciones de los 560 distritos y los 83 <i>departamentos<\/i>, as\u00ed como, en el futuro, a los diputados. En esta l\u00f3gica, para cada elecci\u00f3n, para cada votaci\u00f3n, los ciudadanos continuar\u00e1n reuni\u00e9ndose en el nivel correspondiente: municipal, o por secciones en los grandes municipios, y cantonal para las elecciones pol\u00edticas. Fue la invenci\u00f3n de lo que llamamos <i>democracia local<\/i>, en 1789-1790.<\/p>\n<p>En ese momento, casi nadie pensaba que ser\u00eda posible votar de otra manera que en una asamblea de vecinos, en el pueblo o en un barrio, es decir, en reuniones que duraban por lo menos un d\u00eda entero. Por supuesto hab\u00eda que dedicar tiempo a esta sucesi\u00f3n piramidal de las elecciones, por lo que se tendi\u00f3 a elegir a los cargos que ten\u00edan m\u00e1s disponibilidad por ser m\u00e1s ricos o m\u00e1s instruidos. Este marco era, sin embargo, el de una igualdad jur\u00eddica que, precisamente porque era radicalmente nuevo, no solo era formal. La adopci\u00f3n, por ejemplo, del simple orden alfab\u00e9tico de los apellidos (\u00a1o de los nombres!) para establecer la lista de ciudadanos reunidos parecer\u00eda hoy en d\u00eda un lugar com\u00fan, pero en aquel entonces permiti\u00f3 rechazar el orden de precedencia del antiguo r\u00e9gimen y por lo tanto sus privilegios. La igualdad jur\u00eddica no elimina las desigualdades sociales, pero celebrar estas reuniones de ciudadanos significa realmente, cada vez m\u00e1s, escenificar 1\/ su ciudadan\u00eda reciente en torno a las decisiones a adoptar.<\/p>\n<p>Estas reuniones eran una fortaleza del sistema y, especialmente durante los periodos de alta participaci\u00f3n, una gran escuela. Para que las asambleas de ciudadanos llegaran a realizarse, era preciso que los participantes dominaran las contradicciones que los divid\u00edan, los enfrentamientos religiosos o los antagonismos sociales. De lo contrario, estos explotaban en sentido literal. Al mismo tiempo, deb\u00edan abordar todo tipo de cuestiones que los involucraran a fondo, pero tambi\u00e9n respetar un ritual colectivo que garantizara un m\u00ednimo de consenso y legitimidad. Por lo tanto, eran verdaderas escuelas pol\u00edticas, en una escala hasta entonces desconocida, al mismo tiempo que brindaban una audiencia regular a todos aquellos que ten\u00edan un mensaje que transmitir. En todo el pa\u00eds, esta red de secciones cantonales, municipales y urbanas era mucho m\u00e1s densa que la de los clubes y sociedades pol\u00edticas que se crearon en otros lugares.<\/p>\n<p>En la pr\u00e1ctica, las instituciones elegidas por la base funcionar\u00e1n de modo casi constante desde 1789 hasta 1799; las asambleas ciudadanas se reunir\u00e1n durante casi diez a\u00f1os, una experiencia excepcional en todos los sentidos, y los diferentes momentos de <i>vuelta al orden<\/i> tambi\u00e9n ser\u00e1n declarados mediante votaci\u00f3n, que se convirti\u00f3 en la norma de legitimaci\u00f3n. Debemos tener en cuenta la fuerza de esta vida colectiva si queremos comprender c\u00f3mo dur\u00f3 tanto la movilizaci\u00f3n de las masas revolucionarias, pero tambi\u00e9n c\u00f3mo esta primera experiencia democr\u00e1tica de masas pudo transformar la conciencia colectiva.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, todas las administraciones de los municipios, cantones, distritos, departamentos, as\u00ed como todos los jueces de todos los niveles, los directores de correos y los comisarios de polic\u00eda eran elegidos, todos los mandos de la Guardia Nacional hasta el rango de coronel y los capitanes mar\u00edtimos\u2026 M\u00e1s all\u00e1 de las elecciones municipales, donde los nuevos <i>ciudadanos<\/i>, y a veces tambi\u00e9n las viudas, pod\u00edan votar directamente si pagaban un impuesto directo equivalente al valor del trabajo de tres jornadas, las elecciones pol\u00edticas ten\u00edan lugar en asambleas <i>primarias<\/i>, cantonales, a las que solo asist\u00edan ciudadanos varones activos, que deb\u00edan reunirse en la cabecera comarcal, lo que necesariamente llevaba al menos un d\u00eda. Deliberaban sobre asuntos comunes, eleg\u00edan a sus jueces de paz y escog\u00edan a los <i>electores<\/i> (que calificar\u00edamos de <i>secundarios<\/i>). A su vez, estos electores eran responsables de reunirse en el departamento y el distrito para llevar a cabo las elecciones administrativas y pol\u00edticas.<\/p>\n<p>Estas elecciones sistem\u00e1ticas, de quiz\u00e1s un mill\u00f3n de servidores p\u00fablicos, recuerdan lo que se practicaba en las 13 colonias estadounidenses que acababan de constituir los Estados Unidos de Am\u00e9rica, pero en una escala muy diferente. Coronando la nueva red de autoridades electas y la generalizaci\u00f3n del derecho a portar armas, se organiz\u00f3 un movimiento <i>federativo<\/i>: se establecieron delegaciones de las nuevas Guardias Nacionales en todos los departamentos, que finalmente se reunieron en Par\u00eds el 14 de julio de 1790, para celebrar el primer aniversario de la toma de la Bastilla.<\/p>\n<p>El derecho de voto tambi\u00e9n se extendi\u00f3 al nombramiento de nuevos sacerdotes y obispos. Dado el importante papel del clero en la sociedad de la \u00e9poca, el hecho de que los mismos fieles eligieran a estos nuevos servidores no era ni mucho menos anodino e instaur\u00f3 una capacidad de control real. Los cat\u00f3licos tradicionalistas no se equivocaban y esta reforma condujo a una escisi\u00f3n (un <i>cisma<\/i>) entre los cat\u00f3licos que aceptaban el nuevo r\u00e9gimen de constituci\u00f3n civil del clero y los adversarios de cualquier cambio, fieles a la autoridad del Papa.<\/p>\n<p>Frente a esta expansi\u00f3n vertiginosa del sistema electoral, todav\u00eda no exist\u00eda una oferta pol\u00edtica estandarizada que fuera entendida por todos por igual, nada que se pareciera a <i>partidos<\/i>. Los peri\u00f3dicos y los folletos intentaban influir, pero sus tiradas eran limitadas por razones t\u00e9cnicas y sol\u00edan recopiarse. Adem\u00e1s, cuando se trataba de elegir, la idea misma de candidatura era francamente sospechosa: la concepci\u00f3n aceptada era que quien aspiraba a un puesto demostraba por eso mismo que no era digno de \u00e9l. La idea subyacente, de origen religioso, era que en una asamblea de vecinos todos saben, en el fondo de su coraz\u00f3n, qui\u00e9n merece ser elegido. Por eso, desde 1789, las elecciones se celebraban sin candidaturas. Primero se votaba al azar (\u00a1y cada cual pod\u00eda votar por s\u00ed mismo!), y lo mismo para la segunda vuelta. Si no hab\u00eda mayor\u00eda absoluta, entonces se llevaba a cabo una tercera vuelta, una votaci\u00f3n limitada a los dos candidatos que hab\u00edan llegado primeros en la segunda vuelta.<\/p>\n<p>El sistema de votaci\u00f3n en asambleas permit\u00eda en la pr\u00e1ctica la cohabitaci\u00f3n de dos orientaciones que rivalizaron m\u00e1s o menos subterr\u00e1neamente a lo largo de los diez a\u00f1os de revoluci\u00f3n: en efecto, en aquel entonces no exist\u00eda nuestra cultura pol\u00edtica matematizada. Ni siquiera se planteaban exigencias que hoy en d\u00eda son elementales, como conocer los porcentajes de participaci\u00f3n o la distribuci\u00f3n de votos en cada votaci\u00f3n. El inter\u00e9s fundamental radicaba en la correcta celebraci\u00f3n apacible de la asamblea municipal, primaria o electoral, cuyas listas, recuentos de votos, papeletas y otros instrumentos de votaci\u00f3n, por cierto, casi siempre se quemaban al t\u00e9rmino de la reuni\u00f3n. La asamblea de ciudadanos libres genera legitimidad al deliberar libremente, y no cumpliendo criterios cuantificados. Las votaciones son la forma t\u00e9cnica de conocer las opciones, pero su legitimidad se deriva de los ciudadanos reunidos.<\/p>\n<p>Por consiguiente, esta legitimaci\u00f3n se desdobl\u00f3: \u00bfdeb\u00edan los ciudadanos, una vez reunidos libremente, limitarse a elegir, o pod\u00edan ejercer su derecho a deliberar sobre los temas de su elecci\u00f3n? Las \u00e9lites conceb\u00edan este debate como el que existe entre la <i>representaci\u00f3n<\/i> y la <i>democracia<\/i>, pero el debate ten\u00eda una realidad muy pr\u00e1ctica y nunca cesar\u00e1 durante los diez a\u00f1os de revoluci\u00f3n, alcanzando su apogeo en los veranos de 1792 y 1793, cuando comenzaron a manifestarse las exigencias sociales de redistribuci\u00f3n de la producci\u00f3n agraria en las instituciones pol\u00edticas. La experimentaci\u00f3n, entre 1790 y 1794, de la votaci\u00f3n en asamblea de ciudadanos nunca estuvo por tanto lejos de lo que llamamos <i>democracia directa<\/i>. La poblaci\u00f3n pod\u00eda tratar de expresarse en estas asambleas locales y la generalizaci\u00f3n de esta pr\u00e1ctica facilit\u00f3 las primeras experiencias de votaci\u00f3n popular directa (hoy lo llamamos <i>refer\u00e9ndum<\/i>) entre 1792 y el verano de 1793.<\/p>\n<p>Si comparamos el sistema electoral creado al comienzo de la Revoluci\u00f3n con nuestras pr\u00e1cticas actuales, veremos que las asambleas de ciudadanos combinaban el ejercicio de varios tipos de derechos que ahora practicamos en \u00e1mbitos separados: no solo el derecho a elegir (entonces mucho m\u00e1s amplio y frecuente), sino tambi\u00e9n el derecho de asociaci\u00f3n (los ciudadanos reunidos se asocian para ejercer su porci\u00f3n de soberan\u00eda) y el derecho de petici\u00f3n (adoptan todo tipo de reivindicaciones), por no mencionar el derecho a portar armas (en la Guardia Nacional) como garant\u00eda adicional. La frecuencia de las votaciones, el derecho a deliberar en asambleas de base, la brevedad de los mandatos, la organizaci\u00f3n militar ciudadana: existe una extra\u00f1a proximidad con lo que podemos imaginar como una democracia directa. Estas pr\u00e1cticas tuvieron en todo caso inmensos efectos pol\u00edticos. Incluso despu\u00e9s de la decapitaci\u00f3n de los movimientos populares en 1794-1795, el llamado periodo del Directorio mantendr\u00e1 intacto este marco electoral y ver\u00e1 los primeros intentos de una democracia representativa limitada en 1795-1799. E incluso Bonaparte, despu\u00e9s de su golpe de Estado de diciembre de 1799, recurrir\u00e1 todav\u00eda en 1800 a un plebiscito, ama\u00f1ado pero decisivo.<\/p>\n<p><b>2. Contradicciones, retrocesos y avances<\/b><\/p>\n<p>La generalizaci\u00f3n de las elecciones se llev\u00f3 a cabo al calor del entusiasmo del gran movimiento popular de 1789, pero escamoteando una contradicci\u00f3n fundamental. La Asamblea Constituyente no se consideraba en absoluto compuesta por dem\u00f3cratas con mandatos imperativos, sino como un colectivo de representantes del pueblo, investidos de plenos poderes. Por lo tanto, se esforz\u00f3 por cancelar los mandatos mediante los cuales las asambleas locales de 1789 hab\u00edan tratado de proteger los antiguos privilegios de las provincias, ciudades y corporaciones. Para la Asamblea se trataba de construir un r\u00e9gimen puramente representativo, es decir, en el que los ciudadanos tendr\u00edan la tarea principal de elegir a sus representantes y estos \u00faltimos tendr\u00edan toda la responsabilidad del poder, con un rey o bien, eventualmente, sin un rey. Todas las elecciones distintas de las de estos diputados se conceb\u00edan as\u00ed como actos administrativos, indispensables, pero no como espacios de deliberaci\u00f3n popular. No se trataba de crear un r\u00e9gimen en el que la asamblea de legisladores recibiera \u00f3rdenes de las asambleas de ciudadanos. Una vez elegidos los diputados, los ciudadanos les deb\u00edan respeto religioso.<\/p>\n<p>Para apuntalar este monopolio pol\u00edtico de los representantes se adoptaron importantes medidas encaminadas a limitar la autonom\u00eda de las asambleas de ciudadanos, de los municipios y de las unidades de la Guardia Nacional. Esto implicaba, por ejemplo, la remodelaci\u00f3n completa de la organizaci\u00f3n de la ciudad de Par\u00eds que de 60 distritos pas\u00f3 a tener 48 secciones, que se supon\u00eda que eran esencialmente administrativas, pero que, por el contrario, se convertir\u00e1n en lugares de fuerte participaci\u00f3n popular y de radicalizaci\u00f3n. Se trataba, por ejemplo, de otorgar el derecho a voto tan solo a quienes pagaban impuestos, por lo menos el equivalente local a tres jornadas de trabajo. Esta limitaci\u00f3n excluir\u00eda a un buen n\u00famero de trabajadores, jornaleros, peque\u00f1os agricultores y artesanos, pero la medida demostr\u00f3 ser un signo de debilidad, pues oblig\u00f3 a las asambleas de base a discutir a fondo los detalles de estas exclusiones, abordadas p\u00fablicamente y, por lo tanto, a destacar las limitaciones impuestas a los derechos de los ciudadanos <i>no activos<\/i>.<\/p>\n<p>En realidad, la existencia de la red de asambleas de ciudadanos era en gran medida contradictoria con el principio de representaci\u00f3n y restaba eficacia a las leyes que, por ejemplo, prohib\u00edan a los ciudadanos asociarse seg\u00fan sus oficios o profesiones (leyes Le Chapelier). Si los letrados que hab\u00edan le\u00eddo a Jean-Jacques Rousseau protestaron contra la omnipotencia otorgada a la representaci\u00f3n, en el contexto evidentemente ca\u00f3tico de una gran revoluci\u00f3n popular, el derecho de los ciudadanos a reunirse regularmente en las localidades hizo m\u00e1s que contrarrestar las prohibiciones decretadas. El proyecto de exigir el pago de un impuesto recaudado (el <i>marco de plata<\/i>) para acceder a las funciones de elector secundario choc\u00f3 con una oposici\u00f3n democr\u00e1tica resumida en un gran discurso de Robespierre: la medida adoptada nunca se aplicar\u00e1.<\/p>\n<p>El ejercicio de los derechos de los ciudadanos en la Guardia Nacional contamin\u00f3 gradualmente al antiguo ej\u00e9rcito real. Los soldados de los regimientos de l\u00ednea, las tripulaciones de la flota y los trabajadores de los arsenales comenzaron a reclamar para s\u00ed mismos el fin del castigo corporal arbitrario, el control de las cajas del regimiento o el derecho al ascenso de los que no eran nobles. Sus protestas colectivas fueron severamente reprimidas: condenas a recibir golpes de sable plano, flagelaciones, trabajos forzados, incluso la intervenci\u00f3n de otras unidades con fusilamientos y ahorcamientos. Esto conllev\u00f3 la acci\u00f3n solidaria de comit\u00e9s patri\u00f3ticos. Al mismo tiempo, y desde que se cuestion\u00f3 su autoridad, muchos oficiales nobles de alto rango comenzaron a emigrar. Para la masa de oficiales y soldados result\u00f3 finalmente imaginable ser tratados humanamente y ascendidos seg\u00fan su m\u00e9rito, y no seg\u00fan su origen. Sacudido por estos conflictos, pronto el ej\u00e9rcito real no podr\u00e1 actuar como una fuerza de mantenimiento del orden. El viejo mundo se desmoronaba con su ej\u00e9rcito y la reconstrucci\u00f3n de una fuerza p\u00fablica llevar\u00e1 su tiempo.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de la realidad de las asambleas de base y de la pir\u00e1mide electoral, el pa\u00eds es muy vasto: la idea de consultar directamente a todos los ciudadanos segu\u00eda siendo abstracta. La plantearon en 1790 peque\u00f1os grupos de radicales, en concreto el <i>Club des Cordeliers<\/i> de Par\u00eds, para influir en la redacci\u00f3n de la Constituci\u00f3n, pero sin que tuviera mucho eco. Para la masa de la poblaci\u00f3n, las transformaciones logradas ya eran una conquista extraordinaria: los ciudadanos daban muestras de una gran paciencia hasta que su suerte mejorara realmente. Preguntas tan fundamentales como el control del precio del pan se debat\u00edan en las asambleas de ciudadanos, pero siempre en equilibrio con el temor a un retorno del absolutismo, una venganza del rey y los se\u00f1ores como tantas que hab\u00eda habido en el pasado. En estas circunstancias no era f\u00e1cil presionar a los representantes electos del pueblo. No obstante, el poder de la realeza, a su vez, aceptaba cada vez menos cooperar con la Asamblea e impidi\u00f3 todo compromiso que pudiera estabilizar la monarqu\u00eda.<\/p>\n<p>El rey y la reina manten\u00edan relaciones secretas con las dem\u00e1s cortes de Europa. En junio de 1791, su intento de unirse al ej\u00e9rcito del Este fue una cruel revelaci\u00f3n. Claramente, el fracaso de esta huida del rey se debi\u00f3 a la movilizaci\u00f3n de los patriotas y de las instituciones revolucionarias de base, los ayuntamientos y sobre todo las guardias nacionales, que se movilizaron a lo largo de las carreteras y neutralizaron las unidades de \u00e9lite de los h\u00fasares\u2026, para terminar devolviendo al rey, en estado lastimoso, a Par\u00eds. Una vanguardia pol\u00edtica de militantes republicanos exigi\u00f3 entonces la destituci\u00f3n del rey, pero la Asamblea estaba decidida a salvar la monarqu\u00eda: los peticionarios, reunidos en el Campo de Marte, fueron tiroteados a quemarropa por la Guardia Nacional de Par\u00eds (17 de julio de 1791). Una ola de represi\u00f3n se extendi\u00f3 por las ciudades, los cuarteles, la flota\u2026<\/p>\n<p>La realeza, mantenida a duras penas, rechaz\u00f3 todo compromiso. La nueva Asamblea, la <i>Legislativa<\/i>, elegida en septiembre de 1791, se reuni\u00f3 el 1 de octubre, pero no ten\u00eda la autoridad de la Constituyente. Se convirti\u00f3 en el juguete de la Corte, que adopt\u00f3 la pol\u00edtica de <i>cuanto peor, mejor<\/i>: comenzar la guerra tan pronto como fuera posible para que el ej\u00e9rcito se disolviera de una vez por todas, para que, con el apoyo militar de los soberanos europeos, el rey pudiera recuperar finalmente todos sus poderes. En un entusiasmo enga\u00f1oso, la Legislativa vot\u00f3 una declaraci\u00f3n de guerra a las potencias continentales (abril de 1792), a pesar de la desesperada oposici\u00f3n de Robespierre, casi el \u00fanico que se\u00f1al\u00f3 los riesgos pol\u00edticos. La desorganizaci\u00f3n del ej\u00e9rcito se puso de manifiesto desde las primeras batallas de la primavera, todas desastrosas. La invasi\u00f3n estaba en marcha.<\/p>\n<p>Sin embargo, la acumulaci\u00f3n de experiencia pol\u00edtica en las asambleas locales continu\u00f3 durante este tiempo. En los barrios, municipios y cantones, e incluso en las administraciones de distrito, se discut\u00edan cada vez m\u00e1s cuestiones sociales y pol\u00edticas: resultaba muy dif\u00edcil silenciar a los ciudadanos mientras que el rey, a pesar de todos sus juramentos, se apoyaba en otros monarcas. Desde la primavera de 1791 hasta el verano de 1792, la idea generalizada de que Luis XVI era un soberano malo se asoci\u00f3 gradualmente con otra m\u00e1s general: \u00bfsegu\u00eda siendo la monarqu\u00eda un r\u00e9gimen admisible? Y, si no, \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda ser mejor gobernante que la gente misma? Reunirse y votar en asambleas de ciudadanos dej\u00f3 de ser paulatinamente una modalidad t\u00e9cnica para resultar cada vez m\u00e1s relevante pol\u00edticamente para los interesados, igual que su derecho de petici\u00f3n o su organizaci\u00f3n en la Guardia Nacional. La capacidad de este pueblo de reunirse con regularidad desde 1789 demostraba que exist\u00eda colectivamente.<\/p>\n<p><b>3. Una revoluci\u00f3n convertida en permanente<\/b><\/p>\n<p>En el verano de 1792, los ej\u00e9rcitos enemigos penetraron en el territorio por todos los lados y sus comandantes amenazaron Par\u00eds y a los parisinos con una destrucci\u00f3n ejemplar. Esta amenaza no pod\u00eda ser m\u00e1s concreta. Al mismo tiempo, a medida que se acercaban las cosechas, se desencadenaron acciones campesinas espont\u00e1neas contra los derechos se\u00f1oriales, mientras que se multiplicaban las incautaciones de convoyes de cereales para asegurar los abastecimientos a bajo precio, el impuesto popular. En respuesta a estas amenazas, el 10 de agosto de 1792, una insurrecci\u00f3n organizada por secciones parisinas, patriotas y revolucionarias oblig\u00f3 a la Legislativa a <i>suspender<\/i> los poderes del rey. Es la <i>segunda revoluci\u00f3n<\/i>, que sell\u00f3 el destino de la monarqu\u00eda. La Legislativa se declar\u00f3 en suspenso y convoc\u00f3 asambleas primarias para el 26 de agosto, a fin de reunir lo antes posible las asambleas electorales departamentales que elegir\u00e1n una Convenci\u00f3n, una asamblea dotada de plenos poderes para decretar la suerte del rey y redactar una nueva Constituci\u00f3n.<\/p>\n<p>Entre agosto y noviembre de 1792, cuando se derrumbaron los obst\u00e1culos a la participaci\u00f3n de los ciudadanos m\u00e1s pobres, las asambleas primarias y electorales se reunieron varias veces para renovar la Asamblea Nacional primero, al elegir la Convenci\u00f3n, y finalmente todas las administraciones. Las asambleas de ciudadanos aprovecharon la oportunidad para deliberar sobre lo que deber\u00eda ser el nuevo r\u00e9gimen. Podemos fechar en ese momento, con el intercambio repetido entre asambleas primarias y electorales, un aumento espectacular de las pr\u00e1cticas de lo que entonces se llam\u00f3 <i>democracia<\/i>, una democracia a secas, que no se consideraba <i>directa<\/i> ni <i>real<\/i>, sino un poder deliberativo ejercido directamente por el pueblo <i>propiamente dicho<\/i>.<\/p>\n<p>No fueron \u00fanicamente las 48 secciones de Par\u00eds las que experimentaron esta radicalizaci\u00f3n democr\u00e1tica. Si el n\u00famero de sociedades y clubes populares aument\u00f3 en todo el territorio, eran los electores, los delegados de los ciudadanos, los que hicieron de lanzadera entre sus asambleas. Adem\u00e1s, estos electores secundarios, por cierto, no eran los mismos que los de los a\u00f1os precedentes. Los artesanos y los peque\u00f1os agricultores eran m\u00e1s numerosos, m\u00e1s exigentes, y trataban de influir. Muchos proven\u00edan de localidades donde tuvieron lugar manifestaciones armadas por la liquidaci\u00f3n de los derechos se\u00f1oriales o la tributaci\u00f3n de los precios del pan y de la harina. Entonces se plante\u00f3 crudamente la cuesti\u00f3n de su precio m\u00e1ximo.<\/p>\n<p>Esta ansiedad por el abastecimiento, el miedo a la invasi\u00f3n y la crisis de representaci\u00f3n originada por la retirada de la Legislativa y el establecimiento de la Convenci\u00f3n impulsaron la autoorganizaci\u00f3n, la celebraci\u00f3n permanente de las asambleas de ciudadanos, as\u00ed como la adopci\u00f3n de medidas espont\u00e1neas para aterrorizar a los adversarios, e incluso para exterminarlos: en Par\u00eds, entre el 2 y el 6 de septiembre de 1792, los militantes de las secciones se dedicaron a vaciar las c\u00e1rceles antes de ir a la frontera; juzgaron sumariamente y masacraron a una buena parte de los prisioneros. El riesgo de que se repitieran estos actos de <i>terror popular<\/i> obsesion\u00f3 a la Convenci\u00f3n desde que se reuni\u00f3.<\/p>\n<p>En los grandes departamentos agr\u00edcolas que alimentaban a Par\u00eds y los ej\u00e9rcitos, las asambleas mantuvieron encarnizados debates, en los que se enfrentaban los intereses de los asalariados y artesanos, los viticultores, los peque\u00f1os y grandes agricultores\u2026 Todos aquellos que necesitaban comprar su trigo, o quienes lo produc\u00edan para s\u00ed mismos, o los peque\u00f1os vendedores, ya no se opon\u00edan solo a los se\u00f1ores, sino ahora tambi\u00e9n a los grandes agricultores capitalistas que dominaban estas regiones, monopolizaban las tierras, fijaban salarios y precios. En otras palabras, el marco unitario del tercer estado, formado en 1789 contra los privilegiados, estaba a punto de estallar en pedazos, no ya en las pocas grandes ciudades, sino en la inmensidad del medio rural.<\/p>\n<p>En las asambleas de Seine-et-Oise 2\/, el vasto departamento cerealista que rodea Par\u00eds, las reivindicaciones cl\u00e1sicas relativas al precio del pan, pero tambi\u00e9n al tama\u00f1o de las grandes explotaciones, comenzaron a combinarse con mociones sobre la abolici\u00f3n de la monarqu\u00eda y proyectos propiamente democr\u00e1ticos (Aberdam, 1991). El 17 de septiembre, Pierre Dolivier, sacerdote de Auvers, cerca de \u00c9tampes, un militante radical relativamente conocido, propuso imponer en la nueva Constituci\u00f3n que se organizara un debate nacional sobre cada nueva ley 3\/. Su propuesta ampliaba las demandas de los radicales parisinos; supon\u00eda un control por parte de las asambleas locales sobre la acci\u00f3n de los diputados y la adopci\u00f3n del mandato imperativo. La propuesta de Dolivier fue rechazada, pero ya no ser\u00eda un caso aislado: en el mismo momento, Babeuf argumentaba de manera similar ante la asamblea electoral de Somme (Daline, 1987).<\/p>\n<p>Finalmente, la asamblea de Seine-et-Oise redact\u00f3 un llamamiento a la Convenci\u00f3n, una especie de programa que combinaba la defensa de los intereses de los artesanos y trabajadores asalariados, fijando una proporci\u00f3n entre el precio del pan y el de la jornada de trabajo, con las reivindicaciones de los campesinos medianos y pobres, limitando el tama\u00f1o de las grandes explotaciones. Con sus propuestas de control popular, el llamamiento de los diputados de Seine-et-Oise, presentado el 15 de noviembre de 1792 a la Convenci\u00f3n, reson\u00f3 menos como un apoyo que como una amenaza: \u201cNo tengan miedo [\u2026] no son las verdades reveladas las que hacen revoluciones, sino aquellas que se sofocan\u201d. La Asamblea rechazar\u00e1 este llamamiento. Ante las reivindicaciones que llegaban de todos lados, le interesaba proteger el papel central del Parlamento y quebrar toda l\u00f3gica alternativa basada en asambleas locales de ciudadanos. Sin embargo, el llamamiento 4\/ demostr\u00f3 la profunda radicalizaci\u00f3n social en curso y el desarrollo gradual de las alianzas pol\u00edticas que se volver\u00e1n indispensables.<\/p>\n<p>La Convenci\u00f3n, reunida a partir del 21 de septiembre de 1792, decidi\u00f3 l\u00f3gicamente la abolici\u00f3n de la monarqu\u00eda. En ese momento se enter\u00f3 de que, por primera vez, en Valmy, el nuevo ej\u00e9rcito hab\u00eda sido capaz de resistir el ataque con ca\u00f1ones del enemigo y no huir. Por lo tanto, era posible combinar la experiencia de los <i>culs blancs<\/i>, antiguas tropas reales, con el patriotismo de los <i>azules<\/i>, voluntarios de la Guardia Nacional. Este comienzo de estabilizaci\u00f3n, que se sab\u00eda que era provisional, concedi\u00f3 un poco de tiempo a la Convenci\u00f3n. Formar una rep\u00fablica en un pa\u00eds de 25 a 30 millones de habitantes era para ella un salto a lo desconocido, por mucho que hubiera sido elegida para redactar la Constituci\u00f3n de esta rep\u00fablica de tama\u00f1o in\u00e9dito y, por lo tanto, para deshacerse del rey. Esta \u00faltima tarea la tuvo ocupada desde finales del a\u00f1o 1792 hasta enero de 1793, pero la Convenci\u00f3n rindi\u00f3 homenaje desde el principio (quiz\u00e1s involuntariamente) a la madurez pol\u00edtica adquirida por las asambleas de ciudadanos al decidir, mediante un decreto de octubre de 1792, que todas las votaciones se har\u00edan a partir de entonces a dos y no a tres vueltas. Esta simplificaci\u00f3n t\u00e9cnica significaba asimismo que el espacio pol\u00edtico se simplific\u00f3, y este sistema de votaci\u00f3n seguir\u00e1 siendo la regla.<\/p>\n<p><b>4. La tercera revoluci\u00f3n y la idea del refer\u00e9ndum<\/b><\/p>\n<p>Los miembros de la Convenci\u00f3n conoc\u00edan perfectamente las actividades multiformes de las asambleas de ciudadanos del verano de 1792, puesto que fueron elegidos en ellas. De hecho, se enfrentaban a una situaci\u00f3n sin precedentes, en la que el pueblo ya actuaba como soberano, pero ahora deb\u00edan definir cu\u00e1les ser\u00edan sus poderes. La cuesti\u00f3n sobrevolaba el debate desde el comienzo, en decisiones todav\u00eda t\u00edmidas. La idea de lo que llamamos <i>refer\u00e9ndum<\/i> apareci\u00f3 inmediatamente con el proyecto a\u00fan vago de someter la futura Constituci\u00f3n al sufragio popular, y simult\u00e1neamente se produjeron aplicaciones pr\u00e1cticas con votaciones populares directas para sancionar, a finales de 1792 y principios de 1793, la uni\u00f3n a Francia de una serie de territorios fronterizos que no formaban parte de ella.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hubo una votaci\u00f3n de este tipo, pero a escala nacional, cuando se produjo un encendido debate sobre si hab\u00eda que someter o no el veredicto sobre la suerte del rey a votaci\u00f3n en las asambleas primarias. Los diputados dudaban, comprendiendo que esta consulta allanar\u00eda el camino a otras, pero sobre todo ignorando cu\u00e1les ser\u00edan los resultados de una sanci\u00f3n popular de la decisi\u00f3n que tomaran sobre la suerte del rey. Sab\u00edan que si los monarcas europeos ganaban la guerra, cada diputado ser\u00eda declarado personalmente responsable de su voto y los enemigos simplemente colgar\u00edan a quienes hubieran votado mal. No obstante, la mayor\u00eda de los diputados se negaron a remitir a las asambleas primarias la sanci\u00f3n de la decisi\u00f3n que iban a tomar.<\/p>\n<p>El rey, condenado por alta traici\u00f3n, fue ejecutado el 21 de enero de 1793. Con esta decisi\u00f3n, la mayor\u00eda de los miembros de la Convenci\u00f3n asumieron su condici\u00f3n de <i>representantes<\/i>. En cierto modo, fundamentaron la legitimidad pol\u00edtica de la burgues\u00eda francesa. Los monarcas europeos ya no pod\u00edan transigir con este acto: la guerra devino implacable, dividiendo a\u00fan m\u00e1s la Convenci\u00f3n. Esta \u00faltima intent\u00f3 reconstruir un aparato de Estado y un ej\u00e9rcito que en gran parte estaban desmembrados, pero al mismo tiempo sigui\u00f3 consolidando su legitimidad al recurrir a menudo a la votaci\u00f3n directa de los ciudadanos, lo que a su vez agudiz\u00f3 las contradicciones de un r\u00e9gimen que todav\u00eda era muy d\u00e9bil.<\/p>\n<p>En febrero de 1793, la Convenci\u00f3n decidi\u00f3 amalgamar las unidades del antiguo ej\u00e9rcito con las formadas por voluntarios de la Guardia Nacional, pero para mantener la adhesi\u00f3n de estos voluntarios fue necesario generalizar por primera vez el recurso a la votaci\u00f3n para la promoci\u00f3n. Sin embargo, esta pr\u00e1ctica del ascenso seg\u00fan un m\u00e9rito reconocido por el voto de los soldados, desde los cabos hasta el rango de coronel, reservaba un tercio de los puestos al criterio de antig\u00fcedad. El sistema resultar\u00e1 ser duradero, pero en respuesta al mismo los oficiales superiores desertaron en masa. Dumouriez, comandante en jefe en B\u00e9lgica, se pas\u00f3 al enemigo en los \u00faltimos d\u00edas de abril de 1793, con todo su estado mayor, tomando prisioneros al ministro de Guerra y a los diputados que le acompa\u00f1aban. Las tropas, abandonadas, resistieron como pudieron, pero la desconfianza absoluta con respecto a los generales del antiguo r\u00e9gimen se extendi\u00f3 entonces a todo el ej\u00e9rcito y a todos los patriotas.<\/p>\n<p>Para reforzar estos ej\u00e9rcitos, otro decreto de febrero de 1793 decidi\u00f3 la leva de 300.000 hombres, pero deleg\u00f3 en las asambleas locales de ciudadanos afectados la elecci\u00f3n de la forma de proceder a esta leva: se pod\u00eda sortear o <i>elegir<\/i> a los reclutas. Se mantuvo el principio del voluntariado, pero sobre todo porque permit\u00eda recurrir de manera oficiosa a la pr\u00e1ctica de <i>reemplazar<\/i> a los reclutas a cambio de una suma de dinero. Esta leva, el recurso a un modo de decisi\u00f3n muy cuestionable, las injusticias y las desigualdades sociales que agravaba, provocaron conflictos abiertos en el oeste. El rechazo de este mal procedimiento de reclutamiento fue el punto de partida de lo que se convertir\u00e1 en la revuelta de Vend\u00e9e, pero se concibi\u00f3 como una vasta decisi\u00f3n democr\u00e1tica, descentralizada.<\/p>\n<p>En la misma onda, en marzo de 1793, la Convenci\u00f3n cre\u00f3 <i>comit\u00e9s de vigilancia<\/i> municipales, responsables de las tareas policiales. Estos cuerpos los formaban doce ciudadanos elegidos directamente, con exclusi\u00f3n de los sacerdotes, los nobles y sus agentes. Estos comit\u00e9s constituir\u00e1n una autoridad local efectiva, pero rivalizar\u00e1n con la de los ayuntamientos y la de los guardias nacionales. Todas estas innovaciones <i>democr\u00e1ticas<\/i>, con sus improvisaciones, revelan las dificultades que la Convenci\u00f3n trataba de controlar porque estos tanteos tambi\u00e9n reflejaban la aparici\u00f3n en su seno de dos corrientes pol\u00edticas que cristalizaron.<\/p>\n<p>Esta divisi\u00f3n se produjo en la primavera de 1793, no tanto con respecto a la futura Constituci\u00f3n, que avanzaba muy lentamente, sino a las opciones sociales cruciales impuestas por la guerra contra todos los monarcas de Europa. \u00bfDeber\u00edamos \u2013y podemos\u2013 movilizar directamente a la masa de la poblaci\u00f3n y ganar? La <i>Gironda<\/i> pensaba que no; deseaba privilegiar la v\u00eda diplom\u00e1tica y convencer a las monarqu\u00edas europeas de la locura de una guerra total, para evitar medidas sociales dr\u00e1sticas y sus consecuencias a largo plazo. La <i>Monta\u00f1a<\/i>, por el contrario, estaba dispuesta a apoyar las reivindicaciones de los <i>sans-culottes<\/i> de Par\u00eds, organizados en sus secciones y, en el campo, a poner fin de una vez por todas a los derechos se\u00f1oriales, con el fin de movilizar a toda la poblaci\u00f3n rural. En mayo de 1793, tras las derrotas en B\u00e9lgica y en las fronteras y la prolongaci\u00f3n de la guerra civil en el oeste, ya no parec\u00eda posible ninguna soluci\u00f3n de compromiso. De nuevo, cuidadosamente preparada por una <i>comuna insurreccional<\/i> con el apoyo de la Monta\u00f1a, una nueva insurrecci\u00f3n de la secci\u00f3n parisina, el 2 de junio de 1793, forz\u00f3 a la Convenci\u00f3n a excluir al n\u00facleo dirigente de los girondinos y oblig\u00f3 a los dem\u00e1s diputados a alinearse. Comenz\u00f3 la tercera revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por efecto de la insurrecci\u00f3n, en la Convenci\u00f3n se form\u00f3 una nueva mayor\u00eda, mixta pero animada por la Monta\u00f1a y que dominaba un nuevo \u00f3rgano ejecutivo, el Comit\u00e9 de Salvaci\u00f3n P\u00fablica. De cara a la Constituci\u00f3n, se aprob\u00f3 r\u00e1pidamente que el futuro r\u00e9gimen tendr\u00eda que combinar la representaci\u00f3n con la posibilidad de que los ciudadanos decidieran por s\u00ed mismos las opciones m\u00e1s importantes o las que les concernieran directamente. Esto se plasm\u00f3 pronto en la ley del 10 de junio de 1793 sobre el reparto de los bienes comunales. Discutida durante mucho tiempo, esta ley abri\u00f3, en su versi\u00f3n final, el derecho a decidir las particiones mediante votaci\u00f3n local, abierta a todos los habitantes mayores de edad, hombres y mujeres. Si se decide el reparto, ser\u00e1 igualitario, con una parcela para cada habitante de la localidad, propietario o no, hombre o mujer, mayor de edad o no 5\/. Esta ley del 10 de junio se difundi\u00f3 y coment\u00f3 ampliamente, m\u00e1xime cuando esta votaci\u00f3n local fue la primera en que se admiti\u00f3 expl\u00edcitamente la participaci\u00f3n de las mujeres y su adopci\u00f3n arroj\u00f3 una luz particular sobre el proyecto de Constituci\u00f3n, que la Convenci\u00f3n adopt\u00f3 el 24 de junio de 1793, someti\u00e9ndola esta vez a votaci\u00f3n popular.<\/p>\n<p><b>5. La Constituci\u00f3n de 1793 y sus cr\u00edticos<\/b><\/p>\n<p>La insurrecci\u00f3n del 31 de mayo al 2 de junio llev\u00f3 a una parte de los dirigentes girondinos a refugiarse en la provincia, desde donde lanzaron una campa\u00f1a virulenta contra el golpe de fuerza que viol\u00f3 la Asamblea soberana. Exist\u00edan, pues, dos legitimidades, fuentes de una posible guerra civil. En Par\u00eds, una comisi\u00f3n de la nueva mayor\u00eda elabor\u00f3 una Carta de Derechos y una Constituci\u00f3n, revisando los textos parciales adoptados en los meses anteriores. Este proyecto se llev\u00f3 a cabo entre el 5 y el 24 de junio, una celeridad que, en medio de una actualidad multiforme, dificultaba la cr\u00edtica.<\/p>\n<p>Estos documentos se difundir\u00e1n masivamente, tal vez m\u00e1s que cualquier texto pol\u00edtico hasta entonces. Muchos de sus aspectos no ten\u00edan parang\u00f3n en los anales: as\u00ed, la definici\u00f3n de las condiciones requeridas para <i>ejercer<\/i> la ciudadan\u00eda, que qued\u00f3 abierta a todos aquellos que <i>residieran<\/i> en el territorio y participaran en la vida social, cualquiera que fuera su nacionalidad. La Ley Constitucional, por otra parte, incorpor\u00f3 mecanismos muy similares a los que exist\u00edan desde 1790, pero transformados por la elecci\u00f3n ahora directa de diputados en circunscripciones territoriales espec\u00edficas. El trabajo de los futuros parlamentarios, elegidos por un a\u00f1o, ser\u00e1 controlado, sin embargo, por un mecanismo democr\u00e1tico, tambi\u00e9n directo, ya que los proyectos de ley redactados por la Asamblea se someter\u00e1n a la aprobaci\u00f3n o no de las asambleas primarias. En realidad, el sistema no hizo sino organizar la desaprobaci\u00f3n, para la cual las asambleas primarias deb\u00edan autoconvocarse, de acuerdo con modalidades bien definidas, con tasas de participaci\u00f3n requeridas para que su convocatoria fuera v\u00e1lida y se admitiera la validez de sus votaciones. Por tanto, el esquema adoptado articulaba representaci\u00f3n y democracia con una seria ampliaci\u00f3n de los derechos pol\u00edticos, de los cuales las mujeres, sin embargo, siguieron estando excluidas.<\/p>\n<p>La Ley Constitucional de 1793 no fue tan lejos como para reconocer los derechos sociales, como el derecho al trabajo o la asistencia a quienes no pod\u00edan trabajar. El proyecto de Declaraci\u00f3n de Derechos redactado en este sentido por Robespierre no fue aprobado, pero este \u00faltimo no insisti\u00f3: despu\u00e9s del 2 de junio se trataba de conservar la nueva mayor\u00eda, demasiado fr\u00e1gil. Ahora bien, los militantes radicales parisinos, profundamente implicados en la actividad pol\u00edtica de las secciones entre las dos insurrecciones del 10 de agosto de 1792 y del 2 de junio de 1793, no quer\u00edan saber nada del r\u00e1pido giro pol\u00edtico que se hab\u00eda producido. Se ve\u00edan empujados hacia delante por las demandas populares en materia de avituallamiento, en un momento en que parec\u00eda abierta una v\u00eda hacia una rep\u00fablica <i>democr\u00e1tica<\/i>. Estos y estas militantes, a quienes acostumbramos llamar los <i>enrag\u00e9s<\/i>, aunque ellos mismos no se designaran de esta manera, desempe\u00f1aban un verdadero papel de animaci\u00f3n en las secciones de Par\u00eds que se autoadministraban.<\/p>\n<p>Jacques Roux, Jean Varlet y Th\u00e9ophile Leclerc, o bien Pauline L\u00e9on (Guillon, 1993) y Claire Lacombe, estaban vinculados a la vida pol\u00edtica de las secciones, que no dejaba de ampliarse, con toda la variedad de sociedades que enlazaban el <i>Club des Cordeliers<\/i> y la <i>izquierda<\/i> del de los jacobinos. Roux, cura militante de la secci\u00f3n de Gravilliers, tambi\u00e9n era miembro del ayuntamiento de Par\u00eds, que lo deleg\u00f3 para la ejecuci\u00f3n del rey en enero de 1793. Adem\u00e1s, entre febrero y mayo de 1793 se form\u00f3 la sociedad de republicanas revolucionarias, experiencia profundamente original de una asociaci\u00f3n femenina radical e implantada en la poblaci\u00f3n trabajadora. Los <i>enrag\u00e9s<\/i> no eran un grupo pol\u00edtico constituido, sino una red de portavoces. Roux, por ejemplo, casi siempre interven\u00eda en nombre de un colectivo y no dec\u00eda nada que no hubiera sido ampliamente discutido en una o m\u00e1s secciones, o en uno o m\u00e1s clubes o sociedades. En esto era coherente con los miembros de las secciones para quienes la pol\u00edtica era principalmente la de las asambleas de ciudadanos 6\/. Sin embargo, el movimiento de las secciones parisinas llevaba meses exigiendo la prohibici\u00f3n del comercio de dinero monetarizado, la especulaci\u00f3n que perjudicaba al cesionario y el acaparamiento de productos que obstaculizaba el abastecimiento.<\/p>\n<p>Por lo tanto, los radicales ten\u00edan otras muchas preocupaciones que la Constituci\u00f3n y emprendieron muy tarde la batalla por su contenido, afrontando entonces una dura negociaci\u00f3n. El 20 de junio, en el <i>Club des Cordeliers<\/i> (Markow, 2017), Roux propuso agregar un art\u00edculo a la Declaraci\u00f3n: \u201cLa naci\u00f3n protege la libertad de comercio, pero castiga con la pena de muerte la especulaci\u00f3n y la usura\u201d. H\u00e9bert, fiscal de la Comuna, le apoy\u00f3 y propuso recabar el respaldo de la Comuna. El 21 de junio, Roux pregunt\u00f3 a esta \u00faltima en qu\u00e9 cap\u00edtulo de la Constituci\u00f3n se prohib\u00edan la especulaci\u00f3n y el acaparamiento. \u201c\u00bfQu\u00e9 es la libertad cuando una clase de hombres puede matar de hambre a otra? \u00bfQu\u00e9 es la igualdad cuando los ricos pueden, por su monopolio, decidir sobre la vida o la muerte de su pr\u00f3jimo?\u201d La Comuna aplaudi\u00f3, pero se atuvo al orden del d\u00eda. Roux volvi\u00f3 a la carga ante los <i>Cordeliers<\/i> el d\u00eda 22: \u201cLas sanguijuelas de esta buena gente siempre pueden beber su sangre gota a gota al amparo de la ley\u201d. Apoyado entre otros por Varlet y Leclerc, logr\u00f3 que se nombrara una comisi\u00f3n que pas\u00f3 la noche elaborando una petici\u00f3n para que pudiera presentarse el d\u00eda siguiente a la Asamblea, porque ahora era urgente, ante la inminencia de las votaciones.<\/p>\n<p>La Convenci\u00f3n dedic\u00f3 su sesi\u00f3n del 23 de junio a la adopci\u00f3n global de la Declaraci\u00f3n de Derechos en presencia de autoridades que acudieron para felicitarle. Para marcar su horror ante la guerra civil, renunci\u00f3 solemnemente a la posibilidad de aplicar los poderes excepcionales de la ley marcial 7\/. Roux y los comisarios solicitaron entonces presentar su petici\u00f3n. Si el texto que llevaban era similar a la Declaraci\u00f3n propuesta en abril por Robespierre, todo cambi\u00f3 con el derrocamiento de la Gironda y la formaci\u00f3n de la nueva mayor\u00eda. Chocaron con un bloqueo pol\u00edtico perfectamente deliberado. Fue precisamente Robespierre quien intervino para que la presentaci\u00f3n se pospusiera, se\u00f1alando que ese d\u00eda de celebraci\u00f3n no deb\u00eda dedicarse a <i>intereses particulares<\/i>, sino a la proclamaci\u00f3n serena de la finalizaci\u00f3n de la Constituci\u00f3n, ya que la votaci\u00f3n del conjunto de los textos estaba prevista para el d\u00eda siguiente, 24 de junio, y deb\u00eda conducir l\u00f3gicamente al llamamiento al voto de las asambleas primarias.<\/p>\n<p>El 25 de junio de 1793, Jacques Roux intervino por tanto una vez adoptados los textos, y todo sucedi\u00f3 como si la maniobra de Robespierre, demorando su intervenci\u00f3n, permitiera ahora presentar a Roux como alguien que deseaba postergar la fecha de reuni\u00f3n de las asambleas primarias y bloquear el procedimiento <i>democr\u00e1tico<\/i> relanzando el debate. De ah\u00ed un tumulto general, una protesta escenificada contra el <i>sacerdote intrigante<\/i>, el <i>alborotador<\/i>, el <i>agente del extranjero<\/i>, que se atrev\u00eda a comparar desfavorablemente el nuevo r\u00e9gimen con el antiguo. Roux vacil\u00f3 bajo el peso del estigma y sus amigos parec\u00edan a\u00fan m\u00e1s desmoralizados. Esos ataques groseros marcaron en realidad la ruptura de la alianza de los radicales con la izquierda jacobina, que esta vez hizo frente com\u00fan con el resto de la Asamblea. Al exigir medidas legales contra los especuladores y defender los principios de la redistribuci\u00f3n social, Roux se excluy\u00f3 de la nueva mayor\u00eda.<\/p>\n<p>El objetivo del d\u00eda era conseguir un voto popular masivo sobre la Constituci\u00f3n. Robespierre, maestro de la t\u00e1ctica, us\u00f3 a Roux para consolidar la mayor\u00eda con el apoyo de Marat. Para poner los puntos sobre las \u00edes, volvi\u00f3 a atacar a Roux el 28 de junio ante los jacobinos, pero explic\u00f3 su opci\u00f3n pol\u00edtica al ofrecer una descripci\u00f3n chirriante de la nueva mayor\u00eda de la Convenci\u00f3n, que se hab\u00eda formado en junio tan solo bajo la amenaza de la insurrecci\u00f3n. Dado que los textos adoptados fijaban el compromiso adquirido, desgraciados quienes se apartaran del mismo, desgraciado Roux, quien se suicidar\u00e1 en la c\u00e1rcel, y desgraciados los que le siguieran, as\u00ed como los girondinos recalcitrantes.<\/p>\n<p>Ocurr\u00eda en ese momento que una mayor\u00eda de administraciones de los departamentos y ayuntamientos de las grandes ciudades se decantaba por la insurrecci\u00f3n, apoyando a los l\u00edderes girondinos fugitivos, <i>feder\u00e1ndose <\/i>contra el golpe de fuerza parisino. Frente a esta reacci\u00f3n <i>federalista<\/i>, para conjurar el riesgo de una guerra civil no bastaba la ruptura con los <i>enrag\u00e9s<\/i>: la Convenci\u00f3n convoc\u00f3 las asambleas primarias mediante decreto el 27 de junio. Fue una decisi\u00f3n pol\u00edtica importante, destinada a colocar a todas las administraciones ante sus responsabilidades: aceptar o rechazar la organizaci\u00f3n de la <i>votaci\u00f3n popular<\/i> era aceptar o rechazar la lealtad a la nueva mayor\u00eda de la Convenci\u00f3n. Para los miembros de esta asamblea, este procedimiento de votaci\u00f3n directa de las asambleas primarias, en un pa\u00eds amenazado por la guerra civil, era un salto al vac\u00edo, un riesgo apenas calculado. Entonces, para conjurar el peligro y tratar de asegurarse los votos del pa\u00eds rural, los diputados adoptaron finalmente, el 17 de julio, durante las votaciones provinciales, la gran ley de supresi\u00f3n total de los derechos feudales, una decisi\u00f3n retrasada desde 1789 pero que, a su vez, tendr\u00e1 efectos inmensos.<\/p>\n<p><b>6. La votaci\u00f3n popular <\/b><\/p>\n<p>Diez meses despu\u00e9s de la reuni\u00f3n de la Convenci\u00f3n, la Rep\u00fablica est\u00e1 en peligro de sucumbir ante los ataques militares combinados de las monarqu\u00edas europeas, de la revuelta de la Vend\u00e9e y del comienzo de la insurrecci\u00f3n girondina. Hemos visto que la Asamblea, sin embargo, prioriz\u00f3 una respuesta pol\u00edtica, la del <i>refer\u00e9ndum<\/i>, aunque sin utilizar esta palabra, ya que se prefer\u00eda hablar de <i>votaci\u00f3n popular<\/i>, precisamente con el fin de no confundirla con las elecciones. En la pr\u00e1ctica, el electorado se hab\u00eda ampliado lentamente desde agosto de 1792, aunque en principio segu\u00eda siendo masculino, pasando quiz\u00e1s de 4 a 5 millones de personas con derecho a voto. No obstante, si la destreza pol\u00edtica de los revolucionarios era notable, su conocimiento de la estad\u00edstica no lo era. Nociones que hoy son comunes les eran ajenas, como nuestro uso cotidiano de los porcentajes y nuestra cultura matematizada, que nos permite leer directamente la tasa de participaci\u00f3n en funci\u00f3n del n\u00famero de inscritos y la tasa de abstenci\u00f3n, significativa o no\u2026 La Convenci\u00f3n desconoc\u00eda cu\u00e1ntos hombres se hab\u00edan beneficiado de la ampliaci\u00f3n del derecho de voto y, m\u00e1s all\u00e1 de una <i>reuni\u00f3n apacible de las asambleas primarias<\/i>, no ten\u00eda ni idea de lo que deber\u00eda ser estad\u00edsticamente un buen resultado de la votaci\u00f3n popular que hab\u00eda lanzado. Opt\u00f3 por un proceso pol\u00edtico: por encima de las cabezas de las administraciones departamentales, girondinas, federalistas o trabajadas por los insurgentes cat\u00f3licos y realistas, se dirigi\u00f3 a las administraciones de los 548 distritos, de unos 5.000 cantones y, m\u00e1s all\u00e1, de los 44.000 ayuntamientos; se trataba de aislar a la burgues\u00eda de las capitales provinciales rebeldes.<\/p>\n<p>La votaci\u00f3n popular de 1793 tuvo lugar entre comienzos de julio y comienzos de agosto, cuando las cosechas movilizaban a toda la poblaci\u00f3n, un trabajo agotador y vital. Fue todo un reto. Tan pronto como llegaban los textos, se exhib\u00edan y proclamaban p\u00fablicamente, en ceremonias de informaci\u00f3n que recordaban las pr\u00e1cticas de la realeza. Sin embargo, aunque algunos ciudadanos se contentaban con asistir a las proclamaciones, alrededor de dos millones se tomaron todo un d\u00eda para reunirse en asamblea cantonal. Fue un \u00e9xito que no se superar\u00e1 pronto, ya que entre el 40 % y el 45 % de los electores se desplazaron a pesar del trabajo 8\/. Adem\u00e1s, en un centenar de cantones, las mujeres intentaron en\u00e9rgicamente participar en las asambleas, de las que te\u00f3ricamente estaban excluidas. Esto no fue solo el resultado de la radicalizaci\u00f3n en curso, en la que ser\u00eda absurdo imaginar que las mujeres no participaban, sino tambi\u00e9n de las contradicciones del sistema: para mucha gente, el hecho de pagar impuestos todav\u00eda condicionaba el ejercicio de la ciudadan\u00eda, como en 1789-1792; se supone que las mujeres, al menos si eran viudas (y seg\u00fan la demograf\u00eda de la \u00e9poca hab\u00eda muchas), deb\u00edan pagar impuestos. A los ayuntamientos les preocupaba que, si se les negaba el derecho a votar, especialmente en asuntos locales, se negar\u00edan a contribuir. Por encima de todo, a pesar de que los testimonios rara vez son los de las propias mujeres, entendemos que era para demostrar que pod\u00edan <i>reunirse apaciblemente<\/i>, participar en asambleas sin causar problemas, que eran, como dir\u00edamos, pol\u00edticamente <i>responsables<\/i>.<\/p>\n<p>Reflexionar sobre esta presencia de mujeres, confirmada por documentos de los que rara vez fueron autoras, es una buena introducci\u00f3n a la lectura de las actas de las asambleas primarias del verano de 1793 9\/. Teniendo que emitir <i>su voto<\/i> sobre la Declaraci\u00f3n de Derechos y la Constituci\u00f3n, muchas asambleas trataron de acordar, y algunas lo consiguieron, <i>sus votos<\/i>, en plural, que de hecho eran reivindicaciones que sonaban, cuatro a\u00f1os despu\u00e9s, como nuevos cuadernos de quejas, o peticiones masivas formuladas por el pueblo soberano: \u201cLo que pensamos, lo que queremos\u201d. Estos votos del verano de 1793 no eran pol\u00edtica ni socialmente homog\u00e9neos, pero el procedimiento, en gran medida improvisado, demuestra la capacidad deliberativa de un pueblo reunido en asamblea.<\/p>\n<p>Las asambleas primarias se ampararon asimismo en el art\u00edculo del decreto que les exig\u00eda escoger a un ciudadano para que trasladara directamente <i>su voto<\/i> a Par\u00eds. Centenares de ellas aprovecharon para encargarles que transmitieran tambi\u00e9n sus <i>votos particulares<\/i>. Los miles de <i>enviados <\/i>del verano de 1793, verdaderos hombres de confianza de las asambleas de ciudadanos, se reunieron en la capital a comienzos de agosto. Eran los elegidos recientes, directos y numerosos, de un pueblo que hab\u00eda elegido, un largo a\u00f1o antes y por sufragio indirecto, una Asamblea de composici\u00f3n limitada y que ya hab\u00eda tenido que ser depurada por la fuerza. Se entiende la desconfianza con que la Convenci\u00f3n recibi\u00f3 a los <i>enviados<\/i>.<\/p>\n<p><b>7. Dos representaciones cara a cara<\/b><\/p>\n<p>Cuando las delegaciones de las asambleas primarias parisinas acudieron a informar a la representaci\u00f3n nacional de su voto aprobatorio, se plante\u00f3 cada vez con m\u00e1s fuerza la cuesti\u00f3n de la presencia directa del pueblo soberano. El 3 de julio, al presentarse una delegaci\u00f3n de Bondy, el diputado radical Billaud-Varenne subray\u00f3 que \u201clos ciudadanos que est\u00e1n aqu\u00ed dando fe del soberano, pido que sean recibidos en el interior de la sala\u201d. En los d\u00edas siguientes, estas delegaciones pasaron a ocupar el espacio reservado a los diputados. El 8 de julio, el monta\u00f1\u00e9s Levasseur solicit\u00f3 la admisi\u00f3n de una delegaci\u00f3n de Versailles-hors-les-murs 10\/ y \u201cque acabe toda discusi\u00f3n hasta que el soberano que esta aqu\u00ed haya sido escuchado (murmullos en la sala)\u2026 Quise decir miembros del soberano\u201d, rectific\u00f3 Levasseur, tratando de limitar el alcance de su propuesta: reclamar que el soberano se expresara directamente ante la Convenci\u00f3n equival\u00eda a decir que esta \u00faltima estaba en funciones, a la espera de que fuera elegida otra Asamblea.<\/p>\n<p>Uno de los animadores de los <i>enrag\u00e9s<\/i>, Varlet, integr\u00f3 a su vez a los enviados en la visi\u00f3n democr\u00e1tica radical de su <i>Declaraci\u00f3n solemne de derechos del hombre en el Estado social<\/i> 11\/, cuya versi\u00f3n final se dirig\u00eda directamente a ellos. Varlet propuso (art.23) que los enviados dieran a conocer las propuestas de sus asambleas primarias: \u201cCuando una naci\u00f3n soberana se constituye en Estado social, sus diversas secciones env\u00edan diputados provistos de mandatos explicativos; reunidos en com\u00fan, estos apoderados desarrollan las intenciones de sus mandantes, les formulan proposiciones de ley; si la mayor\u00eda las acepta, estas convenciones forman un conjunto, llamado contrato social\u201d. Y en el art. 24: \u201cLas leyes son expresi\u00f3n de la voluntad general: esta voluntad solo puede conocerse acercando, comparando, recensando los votos parciales que emiten por secciones los ciudadanos reunidos en asambleas soberanas\u201d.<\/p>\n<p>El <i>enrag\u00e9<\/i> Varlet calific\u00f3 a los enviados de <i>apoderados<\/i>, depositarios de una autoridad emanada de las asambleas primarias soberanas, pero al mismo tiempo Jacques Roux, otro <i>enrag\u00e9<\/i> que critic\u00f3 una Constituci\u00f3n que no proteg\u00eda m\u00e1s que a los ricos, sufri\u00f3 un verdadero acoso judicial. El aislamiento de los <i>enrag\u00e9s<\/i> aument\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s despu\u00e9s del asesinato, el 13 de julio, de Marat, que los hab\u00eda atacado duramente. Roux y Leclerc, amenazados, trataron por separado de asegurar la continuidad del diario <i>Ami du Peuple<\/i>. Roux difundi\u00f3 llamamientos virulentos para convertir el aniversario del 10 de agosto en la <i>tumba de los acaparadores <\/i>y de los concusionarios, proyecto que pod\u00eda entenderse como el intento de asesinatos en masa en las c\u00e1rceles y que evocaba por tanto, para la Convenci\u00f3n, muy malos recuerdos de septiembre de 1792. Leclerc, por su parte, no dej\u00f3 de blandir continuas advertencias sobre el peligro de la dictadura, con la que Danton acababa de proponer que se invistiera al Comit\u00e9 de Salvaci\u00f3n P\u00fablica 12\/. Los <i>enrag\u00e9s<\/i> fueron objeto de amenazas cada vez m\u00e1s concretas, pero en aquel momento parec\u00eda que Varlet era el \u00fanico que intentaba apoyarse en los <i>enviados<\/i>.<\/p>\n<p>El 10 de agosto de 1793, los <i>enviados<\/i> desempe\u00f1aron un papel central en la gran ceremonia que marc\u00f3 el final de la votaci\u00f3n popular, logrando modificar a su favor el programa concebido por el pintor David. Este \u00e9xito no les incit\u00f3 en modo alguno a separarse. Su reuni\u00f3n en Par\u00eds apareci\u00f3 claramente como una especie de segunda representaci\u00f3n de la Naci\u00f3n, directa, numerosa y reciente. La Asamblea y sus comisiones adoptaron todas las precauciones para vigilar, controlar e influir en la masa de enviados. Sus discusiones con los militantes parisinos, en la pl\u00e9yade de sociedades, clubes y secciones de la capital, acabaron modificando los t\u00e9rminos del debate p\u00fablico. En esas discusiones cristalizaron dos temas pol\u00edticos importantes y duraderos: la \u201cleva masiva del pueblo franc\u00e9s\u201d y la \u201cpuesta en el orden del d\u00eda del terror\u201d. Obligada y forzada, la Asamblea acept\u00f3 estos t\u00e9rminos, pero velando por no perder en ning\u00fan momento el control sobre las decisiones pr\u00e1cticas.<\/p>\n<p>El compromiso en torno al cual se hab\u00eda formado, a comienzos de junio, la nueva mayor\u00eda parlamentaria, establec\u00eda expl\u00edcitamente que la Convenci\u00f3n se disolver\u00eda una vez cumplida su misi\u00f3n y adoptada la Constituci\u00f3n. Tras la ceremonia del 10 de agosto, muchos diputados deseaban, efectivamente, volver a casa, pero todo ocurri\u00f3 como si el Comit\u00e9 de Salvaci\u00f3n P\u00fablica, para el que hab\u00eda sido elegido Robespierre el 27 de julio, dudara del grado de aprobaci\u00f3n y de legitimidad obtenido por la Constituci\u00f3n. El total de unos dos millones de votos, constatado el 20 de agosto por la comisi\u00f3n que los centralizaba, parec\u00eda muy inferior al n\u00famero esperado. El comit\u00e9 prefiri\u00f3 no publicar este total, pues no se dio cuenta de que se trataba de todo un \u00e9xito. Este dato qued\u00f3 encerrado, junto con el Acta Constitucional, en una <i>Arca de la Alianza<\/i> colocada simb\u00f3licamente encima de la tribuna de la Asamblea. La votaci\u00f3n, sin embargo, permiti\u00f3 reforzar la legitimidad de la Convenci\u00f3n, que eligi\u00f3 un Comit\u00e9 de Salvaci\u00f3n P\u00fablica encargado a partir de entonces de hacer frente a las distintas amenazas militares.<\/p>\n<p><b>8. Del \u00e9xito pol\u00edtico a las medidas de movilizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Si las monarqu\u00edas europeas se mostraron prudentes en el terreno militar tras sus fracasos del verano de 1792, no por ello dejaron de estar a la ofensiva. Reconquistaron B\u00e9lgica en mayo de 1793 y ocuparon toda una parte del norte del territorio franc\u00e9s, al tiempo que lograron avances en los Pirineos y los Alpes. El asesinato de Marat, el 13 de julio, hizo temer que se multiplicaran los asesinatos <i>terroristas<\/i> organizados por los girondinos, mientras que una serie de movimientos de las secciones, bien controlados en diversas grandes ciudades federadas contra Par\u00eds, se inclinaban por la contrarrevoluci\u00f3n. El Comit\u00e9 de Salvaci\u00f3n P\u00fablica prepar\u00f3 por tanto activamente la campa\u00f1a militar, que resultaba necesaria para recuperar Lyon, Marsella y el gran puerto militar de Toulon, que mientras tanto hab\u00eda sido entregado a la flota inglesa, sin contar con otros contratiempos que solo nos parecer\u00e1n menores con el paso de los a\u00f1os.<\/p>\n<p>Finalmente, y quiz\u00e1 sobre todo, el verano de 1793 fue el periodo en que la insurrecci\u00f3n de la Vend\u00e9e represent\u00f3 el peligro estrat\u00e9gico m\u00e1ximo. Parroquia por parroquia, sus <i>compa\u00f1\u00edas<\/i> tambi\u00e9n hab\u00edan elegido a sus <i>capitanes<\/i> y reclutado a oficiales nobles. Pasaron muy r\u00e1pidamente de una actividad partisana a realizar incursiones en las ciudades del <i>bocage <\/i>y despu\u00e9s a lanzar una ofensiva a lo grande. El <i>ej\u00e9rcito cat\u00f3lico y real <\/i>tom\u00f3 Angers e intent\u00f3 conquistar Nantes a finales de junio. Victorioso en Torfou, pero despu\u00e9s derrotado en Cholet, este ej\u00e9rcito cruzar\u00e1 el Loira el 18 de octubre para tratar de apoderarse de un puerto bret\u00f3n para abrirlo a los ingleses y a los nobles que precisaba para organizarse\u2026 La amenaza era m\u00e1s que seria, pero el ej\u00e9rcito vendeano, que arrastraba tras de s\u00ed una multitud de no combatientes, se entretuvo en Breta\u00f1a, saqueando para alimentarse, lo que moviliz\u00f3 contra \u00e9l a las poblaciones de las zonas costeras, para las que el ingl\u00e9s segu\u00eda siendo el adversario tradicional. Las tropas republicanas se vieron continuamente reforzadas por la afluencia de guardias nacionales 13\/.<\/p>\n<p>No obstante, el aplastamiento de los vendeanos y la recuperaci\u00f3n de las grandes ciudades del sur no se produjeron hasta m\u00e1s tarde; apenas pasado el 10 de agosto de 1793, cuando el Comit\u00e9 de Salvaci\u00f3n P\u00fablica y la Convenci\u00f3n ten\u00edan que decidir o no fijar las fechas de nuevas elecciones y disolverse como tales, todas las amenazas militares eran muy reales y se combinaban. La ley antifeudal del 17 de julio, el \u00e9xito del refer\u00e9ndum como proceso pol\u00edtico innovador y el car\u00e1cter <i>democr\u00e1tico<\/i> de la Constituci\u00f3n que sancion\u00f3 permitieron reunir una mayor\u00eda y aislar duraderamente a las \u00e9lites provinciales. Si el Gran Comit\u00e9 no entendi\u00f3 el significado del n\u00famero de votos, los excelentes juristas que se sentaban en la Convenci\u00f3n comprendieron perfectamente que los miles de <i>enviados<\/i>, con sus miles de <i>votos<\/i>, eran sintom\u00e1ticos de la manera en que pod\u00eda evolucionar, en caliente, el equilibrio entre representaci\u00f3n y democracia, al menos si se proced\u00eda a aplicar la Constituci\u00f3n aprobada por el pueblo.<\/p>\n<p>En lo que los republicanos llamar\u00e1n m\u00e1s tarde, p\u00fadicamente, aquellas <i>circunstancias<\/i>, no solo no se publicaron los resultados de la votaci\u00f3n, sino que se tom\u00f3 la decisi\u00f3n de no poner en pr\u00e1ctica de inmediato la Constituci\u00f3n: se suspendieron las nuevas elecciones municipales previstas y, para mayor seguridad, los propios <i>enviados<\/i> fueron enviados a prestar servicio en sus respectivos cantones. Sin que en ning\u00fan momento se adoptara el principio de una dictadura <i>a la romana<\/i>, se opt\u00f3 por ir hacia un r\u00e9gimen provisional de extrema recentralizaci\u00f3n, capaz de impulsar y de organizar la movilizaci\u00f3n mediante la leva masiva y la puesta en el orden del d\u00eda de una forma de terror que se mantendr\u00eda bajo el control de la Asamblea. Este fue el mandato elaborado entre la Convenci\u00f3n y el Comit\u00e9, mediante a\u00f1adidos sucesivos entre finales de agosto y comienzos de diciembre: se suspendieron en principio todas las elecciones, aunque los ciudadanos continuaron reuni\u00e9ndose; el Gobierno depur\u00f3 sistem\u00e1ticamente las administraciones locales. La Convenci\u00f3n, que hab\u00eda registrado un gran \u00e9xito pol\u00edtico, opt\u00f3 por prolongarlo mediante una forma de dictadura de salvaci\u00f3n p\u00fablica.<\/p>\n<p><b>9. La oposici\u00f3n de los radicales<\/b><\/p>\n<p>A finales de agosto de 1793, los <i>enrag\u00e9s<\/i> parisinos empezaron a entender lo que estaba sucediendo, especialmente alrededor de la disoluci\u00f3n de los enviados. El d\u00eda 26, en una petici\u00f3n terrorista y al mismo tiempo favorable a la organizaci\u00f3n inmediata del gobierno, prevista en la nueva Constituci\u00f3n 14\/, el club de las Republicanas Revolucionarias escribi\u00f3 a la Convenci\u00f3n: \u201cApres\u00farense sobre todo a demostrar a toda Francia, en la pr\u00e1ctica, que los enviados de un gran pueblo no hemos venido a un coste elevado de todos los rincones de la rep\u00fablica para montar simplemente una escena pat\u00e9tica en el Campo de Marte; demu\u00e9strennos que esta Constituci\u00f3n que cre\u00edmos aceptar existe\u201d.<\/p>\n<p>Leclerc hizo gala de una asombrosa lucidez en su <i>Ami du Peuple<\/i> del 1 y del 4 de septiembre, y conviene reproducir una cita m\u00e1s larga:<\/p>\n<p>\u201cLegisladores, nos hab\u00e9is dado una Constituci\u00f3n; el pueblo franc\u00e9s la ha aplaudido y aprobado; esperaba con impaciencia los efectos felices que resultar\u00edan de su aprobaci\u00f3n; cuando se dio cuenta de que solo estaba sobre el papel, pens\u00f3 que su ejecuci\u00f3n depend\u00eda de una formalidad en que no hab\u00eda pensado hasta entonces. Viene por tanto y os pide que la aprob\u00e9is tambi\u00e9n. \u00bfQu\u00e9 responder\u00edais al soberano si os hablara de este modo? Nada, sin duda; cuando se hace o\u00edr, corresponde a los sirvientes obedecer y guardar silencio\u201d.<\/p>\n<p>En la edici\u00f3n del 4 de septiembre:<\/p>\n<p>\u201cSe ha se\u00f1alado que si nos apresuramos a convocar las asambleas primarias, dado que el esp\u00edritu p\u00fablico est\u00e1 corrompido en algunos de nuestros departamentos, el resultado de su nombramiento ser\u00eda detestable; la legislatura, detestable; el consejo ejecutivo, detestable. En primer lugar es insultar al pueblo, es cometer un crimen de lesa naci\u00f3n, es calumniar a los franceses pensar que se hallan en semejante estado de envilecimiento y corrupci\u00f3n, en el que habr\u00eda que hundirlos en una gran mayor\u00eda para darnos esta legislatura, con el que intentan espantarnos como a los ni\u00f1os del hombre lobo. En segundo lugar es un atentado a la verdad, porque tenemos ante nuestros ojos pruebas materiales que nos han demostrado que los franceses no eran susceptibles de adoptar decisiones tan malas como las que se ha querido decir\u201d.<\/p>\n<p>\u201cDecidme, respetables legisladores, si los enviados de las asambleas primarias, diputados directos del pueblo para la aprobaci\u00f3n de la Constituci\u00f3n, tambi\u00e9n eran detestables. \u00bfCre\u00e9is que los franceses no reflexionan sobre sus decisiones, que son brissotinos, girondinos o rolandinos 15\/ los enviados de las asambleas primarias? No, legisladores, casi todos eran excelentes patriotas; y os han demostrado con tanta claridad como a nosotros que el esp\u00edritu p\u00fablico de los departamentos no estaba tan deteriorado como algunos hombres, que los han difamado por complacer a otros, se atrevieron a anunciar. En tercer lugar, esta afirmaci\u00f3n rid\u00edcula parece decir al pueblo entero: la naturaleza hizo un esfuerzo cuando produjo a los miembros que componen la Convenci\u00f3n nacional, el pueblo franc\u00e9s se desprendi\u00f3 de lo que ten\u00eda m\u00e1s puro, m\u00e1s virtuoso, m\u00e1s sabio para formarla, y toda la sabidur\u00eda humana, todos los talentos posibles contenidos en ella crean, con las mejores intenciones del mundo, una legislatura digna de la presente Convenci\u00f3n. Que juzguen la opini\u00f3n p\u00fablica y la posteridad semejante fanfarronada\u201d.<\/p>\n<p>Por lo tanto, Leclerc insisti\u00f3 en los inagotables recursos democr\u00e1ticos simbolizados por los <i>enviados<\/i>, ahora dispersados. Abund\u00f3 incansablemente en el tema hasta la desaparici\u00f3n forzada de su peri\u00f3dico 16\/, pero no fue tan solo la peque\u00f1a corriente de los <i>enrag\u00e9s<\/i> la que ser\u00eda eliminada tras la formaci\u00f3n del Gobierno revolucionario: a partir del oto\u00f1o comenzaron a aplicarse las medidas de restablecimiento del orden en las secciones de Par\u00eds, comenzando por las formas de participaci\u00f3n pol\u00edtica femenina.<\/p>\n<p><b>10. Restablecimiento del orden, movilizaci\u00f3n por la guerra <\/b><\/p>\n<p><b>y movimientos populares<\/b><\/p>\n<p>El Comit\u00e9 de Salvaci\u00f3n P\u00fablica no era al principio m\u00e1s que un colectivo de una docena de diputados elegidos por la Convenci\u00f3n y que respond\u00edan ante ella; ahora ten\u00eda como prioridad movilizar todos los recursos para restaurar la situaci\u00f3n militar y, cosa que no es una tonter\u00eda, lo logr\u00f3 en el plazo de un a\u00f1o. La brutalidad minuciosa de este r\u00e9gimen centralizado se aplicar\u00e1 a todos los sectores, disciplinando la acci\u00f3n de las administraciones y remitiendo sistem\u00e1ticamente a los oponentes al Tribunal Revolucionario en juicios sumarios en los que se mezclan toda clase de personas, ya fueran oponentes o presuntos oponentes. No es este el lugar para detallar la manera en que este Gobierno Revolucionario puso bajo tutela la Comuna de Par\u00eds, las secciones parisinas y despu\u00e9s las sociedades seccionales, entre septiembre de 1793 y julio de 1794: este es un tema sobre el cual existen numerosas obras detalladas. En cambio, s\u00ed conviene saber que en todo el pa\u00eds, incluso durante esa <i>dictadura de salvaci\u00f3n p\u00fablica<\/i>, y a pesar de la vigilancia administrativa, las medidas policiales, el recurso al Tribunal Revolucionario y a la guillotina, los ciudadanos no perd\u00edan ninguna oportunidad para reunirse. Los informes policiales y las actas que han llegado a nuestras manos dan testimonio de su adhesi\u00f3n desigual a las medidas coercitivas, incluso de su insolencia. A pesar del terror, las formas democr\u00e1ticas de la pol\u00edtica heredadas de a\u00f1os anteriores resist\u00edan bastante bien, listas para resurgir.<\/p>\n<p>Sin embargo, el contexto ya no era el mismo; en el campo, la aplicaci\u00f3n de la ley del 17 de julio de 1793 sobre la totalidad de los derechos feudales marc\u00f3 el fin de la alianza antise\u00f1orial que hab\u00eda sucedido en 1791-1792 al tercer estado de 1789. A partir de entonces, las luchas sociales en el medio rural cambiaron radicalmente, mientras agentes gubernamentales y tambi\u00e9n escuadrones de militantes urbanos 17\/ recorr\u00edan las aldeas y requisaban las reservas de granos para las ciudades y los ej\u00e9rcitos\u2026 Era una lucha de todos contra todos por apropiarse de las ventajas de la Revoluci\u00f3n. Enfrentamientos en torno a las antiguas reglas colectivas de cultivo y espigueo, a la especulaci\u00f3n inmobiliaria con las antiguas propiedades del clero y de los emigrados, a las batallas por el reparto de las antiguas rentas se\u00f1oriales y eclesi\u00e1sticas, a los conflictos salariales\u2026 Los campesinos m\u00e1s pobres a\u00fan no hab\u00edan conseguido que se limitara el tama\u00f1o de las grandes explotaciones, y mucho menos de las propiedades, pero evidentemente no sab\u00edan que todo esto ya estaba desfasado y segu\u00edan luchando.<\/p>\n<p>Los catorce ej\u00e9rcitos de la Rep\u00fablica se vieron reforzados por la leva masiva, que combin\u00f3 el reclutamiento de hombres, la movilizaci\u00f3n econ\u00f3mica y el control de precios. Estar\u00e1n operativos en la primavera de 1794. El Comit\u00e9 de Salvaci\u00f3n P\u00fablica, que controlaba las manufacturas de guerra, trat\u00f3 de establecer en ellas una verdadera disciplina industrial, lo que provoc\u00f3 un enfrentamiento con las secciones urbanas. En Par\u00eds, en la primavera de 1794, el establecimiento de un precio <i>m\u00e1ximo <\/i>del pan y los alimentos indispensables vino acompa\u00f1ado de la fijaci\u00f3n de un salario <i>m\u00e1ximo<\/i>, lo que hizo que los trabajadores parisinos retiraran todo apoyo al equipo del Comit\u00e9 de Salvaci\u00f3n P\u00fablica.<\/p>\n<p>La victoria de Fleurus, a principios de julio de 1794, mostr\u00f3 que la situaci\u00f3n militar comenzaba a cambiar. Una buena parte de la poblaci\u00f3n cre\u00eda que entonces se implementar\u00eda la Constituci\u00f3n de 1793. Se produjeron grandes manifestaciones populares en este sentido, pero el Comit\u00e9 de Salvaci\u00f3n P\u00fablica no quer\u00eda saber nada de ello y reprimi\u00f3 estos gestos colectivos. En la Convenci\u00f3n, todos aquellos que ya no apoyaban la pol\u00edtica de terror acordaron entonces secretamente prepararse para el derrocamiento del Gran Comit\u00e9, un cambio de mayor\u00eda que no pod\u00eda hacerse sin una confrontaci\u00f3n a vida o muerte. Los d\u00edas 25 y 26 de julio de 1793 (8 y 9 de Termidor, a\u00f1o II), el equipo de Robespierre qued\u00f3 en minor\u00eda en la Convenci\u00f3n. Una parte de sus dirigentes se escabulleron e intentaron que se alzaran la Comuna y las secciones, o al menos lo que quedaba de ellas despu\u00e9s de la depuraci\u00f3n y el sometimiento a tutela. La respuesta de las secciones fue clara: en su gran mayor\u00eda apoyaban a la Convenci\u00f3n, leg\u00edtima, y el restablecimiento de la legalidad constitucional. Los robespierristas fueron ilegalizados y enviados inmediatamente a la guillotina, pero su ejecuci\u00f3n no comport\u00f3 el retorno a la constituci\u00f3n democr\u00e1tica: la <i>cuarta revoluci\u00f3n<\/i> fue una jornada de enga\u00f1os.<\/p>\n<p>El Gobierno Revolucionario fue prorrogado, con un nuevo Comit\u00e9 de Salvaci\u00f3n P\u00fablica, pero de orientaci\u00f3n econ\u00f3mica ultraliberal. Las secciones y sociedades seccionales, sometidas a la tutela burocr\u00e1tica del Comit\u00e9, conocieron la dictadura del mercado: se desmantel\u00f3 el r\u00e9gimen de garant\u00eda de precios m\u00e1ximos, se hundi\u00f3 la moneda revolucionaria, el terrible invierno de 1794-1795 trajo de nuevo la hambruna y el suicidio de desesperados que se lanzaban al Sena (Cobb, 2018).<\/p>\n<p><b>11. Una lenta normalizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>La situaci\u00f3n no se estabiliz\u00f3 a pesar de la reaparici\u00f3n de una sociedad de ricos y nuevas fortunas, a pesar de la violencia de las bandas de la juventud dorada que, a su vez, hac\u00edan resonar sus grandes bastones en el pavimento de Par\u00eds. Los desheredados todav\u00eda estaban all\u00ed y se reorganizaban. La Convenci\u00f3n reintegr\u00f3 a los girondinos vencidos en junio de 1793 y, al deshacerse de los <i>terroristas<\/i> m\u00e1s comprometidos, se propuso dos objetivos. Plane\u00f3 una confrontaci\u00f3n definitiva con las secciones parisinas, provocando deliberadamente los intentos de insurrecci\u00f3n de la primavera de 1795 (germinal y luego pradial), cuyo aplastamiento le permiti\u00f3 ocupar militarmente los distritos populares del este de Par\u00eds para desarmar finalmente a los militantes <i>sans-culottes<\/i>. En el plano pol\u00edtico, se trataba entonces de reemplazar la Constituci\u00f3n de 1793, aprobada por el pueblo, pero nunca implementada formalmente, por un texto mucho m\u00e1s cercano al modelo representativo, esta vez sin ninguna concesi\u00f3n a la democracia. Pero el esp\u00edritu dominante era tal que la Convenci\u00f3n tuvo que organizar para ello nuevamente una votaci\u00f3n popular, al menos formalmente\u2026<\/p>\n<p>Esta votaci\u00f3n tuvo lugar en octubre de 1795, a finales del a\u00f1o III, y conserv\u00f3 la forma de votaci\u00f3n de los ciudadanos reunidos en asamblea, confirmando que esta forma de votaci\u00f3n segu\u00eda siendo aceptada por todos: no solo por los patriotas, sino tambi\u00e9n por gran parte de los moderados, favorables no al regreso de un rey, sino a una defensa rigurosa de las propiedades y los propietarios, la <i>gente honesta<\/i>. Si el campo republicano estall\u00f3 durante la experiencia de 1794, sus adversarios tambi\u00e9n estaban profundamente divididos, y el recurso o no a las instituciones electorales para recuperar el poder era uno de los puntos de ruptura con los mon\u00e1rquicos, que so\u00f1aban con la reconquista militar.<\/p>\n<p>Este embrollo apareci\u00f3 en la votaci\u00f3n de octubre de 1795: la participaci\u00f3n fue claramente inferior a la de 1793, con alrededor de 1.100.000 votos, pero esta disminuci\u00f3n se explica probablemente por el dram\u00e1tico retraso de la cosecha, especialmente en el este, en la misma medida que por las abstenciones propiamente pol\u00edticas y las exclusiones de militantes. Los <i>votos<\/i> tambi\u00e9n fueron mucho menos numerosos que en 1793, pero los votantes tambi\u00e9n deb\u00edan opinar sobre la extensi\u00f3n del mandato de dos tercios de los diputados a la Convenci\u00f3n. Sobre esta cuesti\u00f3n sumamente delicada de mantener lo esencial de los diputados salientes, la derecha mon\u00e1rquica se consider\u00f3 capaz de intentar a su vez un golpe de fuerza. Contest\u00f3 los resultados, efectivamente manipulados, e instig\u00f3 una insurrecci\u00f3n, que en respuesta hizo que los republicanos cerraran filas, llegaron incluso a liberar de la prisi\u00f3n y rearmar a una parte de los cuadros pol\u00edticos de los <i>sans-culottes<\/i> para aplastar a los insurgentes.<\/p>\n<p>Este juego de inversi\u00f3n permanente de las alianzas pol\u00edticas se repetir\u00e1 durante los cuatro a\u00f1os que durar\u00e1 el nuevo r\u00e9gimen, el llamado Directorio o la Constituci\u00f3n del A\u00f1o III, que las estrictas leyes policiales prohib\u00edan contestar abiertamente. Sin embargo, los militantes de todos los colores hab\u00edan acumulado desde 1789 una enorme experiencia y sab\u00edan maniobrar. En lo que se presentaba como <i>democracia representativa<\/i> (la asociaci\u00f3n de ambos t\u00e9rminos apareci\u00f3 en aquel momento), la vida pol\u00edtica sigui\u00f3 caracteriz\u00e1ndose por la frecuencia de las elecciones, siempre en asambleas de ciudadanos, aunque la asistencia experiment\u00f3 un fuerte declive, las exclusiones se multiplicaron, la autoridad la ejerc\u00eda una administraci\u00f3n estatal inquisitorial encabezada por el Directorio, una especie de presidencia colectiva rotatoria.<\/p>\n<p>A su vez, el radical Gracchus Babeuf improvis\u00f3 r\u00e1pidamente una manera de desafiar la legitimidad de esta Constituci\u00f3n 18\/. El 6 de noviembre de 1795, en el n\u00famero 34 de su <i>Tribune du Peuple<\/i>, propuso comparar los 900.000 votos contabilizados 19\/ con los resultados de 1793, que nunca se publicaron. Afirm\u00f3 que el texto de 1793 hab\u00eda recibido 4.800.000 votos. Esta cantidad se derivaba de una simple evaluaci\u00f3n, basada en el n\u00famero de 8.000 <i>enviados<\/i> de las asambleas primarias del verano de 1793, cifrando el n\u00famero de ciudadanos que los hab\u00edan mandatado en 600, el m\u00e1ximo por asamblea primaria que preve\u00eda la Constituci\u00f3n de 1793. Este resultado es evidentemente muy exagerado, pero, siendo err\u00f3neo globalmente, a falta de ser cierto (Dommanget, 1970), le pareci\u00f3 suficientemente veros\u00edmil para fundamentar la mayor legitimidad que pretend\u00eda defender.<\/p>\n<p>El c\u00e1lculo improvisado de Babeuf en noviembre de 1795 fue el primero en realizar una demostraci\u00f3n cuantificada de la legitimidad pol\u00edtica superior obtenida por un texto dado. A comienzos de 1796, en el contexto del <i>Terror Blanco<\/i>, se form\u00f3 alrededor del peri\u00f3dico de Babeuf, <i>Tribune du Peuple<\/i>, una corriente que reuni\u00f3 a antiguos militantes <i>sans-culottes<\/i> y exmiembros de la Convenci\u00f3n y que plante\u00f3 la referencia a la Constituci\u00f3n de 1793. A medida que quienes se llamaban a s\u00ed mismos los Iguales concretaban su proyecto clandestino de un movimiento insurreccional, con la formaci\u00f3n de un directorio secreto y el proyecto de un nuevo gobierno revolucionario, basaban su propaganda en el texto de 1793, cuya legitimidad defend\u00edan abiertamente. Parece realmente que el razonamiento de Babeuf sobre la legitimidad superior adquirida por la superioridad num\u00e9rica de los votos hubiera contribuido a unificar las filas de esta <i>conspiraci\u00f3n para la igualdad<\/i>, ya que sus publicaciones no dejaban de abundar en el mismo.<\/p>\n<p>Babeuf y sus amigos contribuyeron a imponer en la opini\u00f3n p\u00fablica no tanto sus n\u00fameros como el uso p\u00fablico, a gran escala, de una comparaci\u00f3n de los resultados de las votaciones directas. La innovaci\u00f3n era importante, por mucho que tuvieran que reconstituir \u2013inventar\u2013 uno de los dos resultados, una necesidad que se derivaba directamente de la decisi\u00f3n del Comit\u00e9 de Salvaci\u00f3n P\u00fablica de 1793 de encerrar en el <i>Arca<\/i> los resultados de la votaci\u00f3n, convertidos en secreto de Estado. Impl\u00edcitamente, el c\u00e1lculo de Babeuf apunta a lo que ser\u00eda la ampliaci\u00f3n republicana del derecho al voto, tendiendo a lo que m\u00e1s adelante se llamar\u00e1 sufragio <i>universal<\/i>. En aquella \u00e9poca, tales concepciones democr\u00e1ticas eran defendidas abiertamente por un Antonelle, un Lanthenas o un Paine.<\/p>\n<p>El Directorio solo pudo oponer un profundo silencio a las alegaciones de los babuvistas, porque cualquier desmentido le obligar\u00eda a ordenar la publicaci\u00f3n de las cifras de 1793, que los pocos iniciados sab\u00edan realmente superiores a los resultados oficiales de 1795. Al resaltar la diferencia, quienes aduc\u00edan de buena fe la cifra fabricada por Babeuf, por lo tanto, ten\u00edan una parte de raz\u00f3n\u2026 Con todos los riesgos que esto comportaba para ellos debido a que la ley de polic\u00eda del 16 de abril de 1796, adoptada oportunamente unos d\u00edas antes de la detenci\u00f3n de Babeuf y su asociados, preve\u00eda condenar a muerte a los \u201cautores\u201d de discursos e impresos que \u201cpreconicen el restablecimiento de la monarqu\u00eda, o el de la Constituci\u00f3n de 1793 o de la Constituci\u00f3n de 1791, o de cualquier gobierno que no sea el establecido por la Constituci\u00f3n del A\u00f1o III, aceptada por el pueblo, o la invasi\u00f3n de propiedades p\u00fablicas, el saqueo o el reparto de propiedades particulares, al amparo de una ley agraria o de alguna otra manera\u2026\u201d. Si esto se dirig\u00eda contra todos los oponentes, est\u00e1 claro que lo hac\u00eda prioritariamente contra quienes abogaban por el retorno a la Constituci\u00f3n de 1793 y por una reforma de las propiedades.<\/p>\n<p>Detenidos el 10 de mayo de 1796, Babeuf y sus amigos fueron juzgados en 1797 por un <i>Alto Tribunal<\/i> reunido en Vend\u00f4me. Durante este importante juicio pol\u00edtico, las referencias sulfurosas a la antigua Constituci\u00f3n y su aprobaci\u00f3n por mayor\u00eda de votos fueron recurrentes en los debates y la prensa\u2026 Se grab\u00f3 una estampa inspirada en un dibujo de Charles Monnet (Novelle, 1986) que representaba la ceremonia inaugural del 10 agosto de 1793 y que se distribuy\u00f3 ampliamente y conmemoraba abiertamente la primera <i>votaci\u00f3n popular<\/i>. En Vend\u00f4me, el acusado Philippe Buonarroti afirm\u00f3 ante sus jueces que la Constituci\u00f3n de 1793 era \u201creclamada a gritos\u201d por el pueblo y record\u00f3 las \u201cgrandes asambleas\u201d populares que \u201cconsagr\u00f3\u201d este texto. Su demostraci\u00f3n, como el testimonio de Antonelle, todav\u00eda se bas\u00f3 20\/ en los c\u00e1lculos de Babeuf y sus 4,8 millones de votantes. Hasta el final de su aventura, los babuvistas difundieron este credo democr\u00e1tico cuantificado, del que parecen haber sido los inventores.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del juicio de Vend\u00f4me y la ejecuci\u00f3n de Babeuf, los <i>dem\u00f3cratas<\/i> supervivientes no tuvieron m\u00e1s remedio que hacer balance de lo sucedido y tomar nota del deterioro de la relaci\u00f3n de fuerzas: con cautela, en adelante se referir\u00e1n a las \u201cconstituciones aceptadas por el pueblo\u201d y, cada vez m\u00e1s a menudo, a la de 1795, que ahora tambi\u00e9n hab\u00eda que defender contra la reacci\u00f3n militante. Este cambio de \u00f3ptica provoc\u00f3 \u00e1speras disputas program\u00e1ticas entre los llamados neojacobinos. Estos \u00faltimos, al igual que la <i>gente honesta<\/i> mon\u00e1rquica que so\u00f1aba con una restauraci\u00f3n paulatina, bien pod\u00edan so\u00f1ar con una imposible <i>revisi\u00f3n<\/i> de la Constituci\u00f3n de 1795. Quienes detentaban el poder se emancipaban organizando, despu\u00e9s de cada elecci\u00f3n, golpes de Estado parlamentarios por los que <i>purgaban<\/i> las votaciones de las asambleas electorales. El ej\u00e9rcito, ejecutor y finalmente \u00e1rbitro de estos golpes de Estado del Directorio, acabar\u00e1 tomando a su vez el poder.<\/p>\n<p>Este ej\u00e9rcito construido durante la Revoluci\u00f3n ser\u00e1 la principal fuerza europea durante unos veinte a\u00f1os. Saqueaba salvajemente los pa\u00edses invadidos y comet\u00eda all\u00ed los peores desmanes (v\u00e9anse los dibujos de Goya), pero con su funcionamiento interno, basado en la igualdad jur\u00eddica, en la promoci\u00f3n por m\u00e9ritos, en la elecci\u00f3n de los mandos por la base o por los pares, la base de esta contrasociedad militar no era comparable a ninguna de las que le opon\u00edan los reyes, y a las que derrotaba regularmente. Sus \u00e9xitos se basaban fundamentalmente en la din\u00e1mica de un nuevo r\u00e9gimen social y pol\u00edtico, autoritario, pero eficaz. El pron\u00f3stico de Robespierre se cumpli\u00f3, aunque fuera ocho a\u00f1os m\u00e1s tarde; siendo casi el \u00fanico en oponerse a la declaraci\u00f3n de guerra, hab\u00eda se\u00f1alado sus consecuencias finales: la militarizaci\u00f3n necesaria para ganar la guerra ser\u00e1, en \u00faltima instancia, contradictoria con la democracia.<\/p>\n<p>El general victorioso que organiz\u00f3 el golpe militar del 2 de diciembre de 1799 todav\u00eda consider\u00f3 indispensable proponer a la poblaci\u00f3n una votaci\u00f3n pol\u00edtica directa sobre una nueva constituci\u00f3n, aunque su hermano, Lucien Bonaparte, ministro del Interior, se encargar\u00eda por si acaso de manipular los n\u00fameros (que se duplicar\u00e1n con creces). Sin embargo, la prohibici\u00f3n de las votaciones en las asambleas de ciudadanos era igual de esencial al r\u00e9gimen napole\u00f3nico que la aplicaci\u00f3n estricta de las leyes de Le Chapelier de 1791, que la introducci\u00f3n de la cartilla de trabajo, que la creaci\u00f3n del franco germinal (franco de oro) o del Banco de Francia\u2026 Este marco se mantendr\u00e1 a lo largo de todo el siglo XIX, pero el bonapartismo separ\u00f3 sobre todo, y radicalmente, los dos componentes esenciales de la vida pol\u00edtica revolucionaria; por un lado, las asambleas de ciudadanos quedaron reducidas a la clandestinidad, donde veget\u00f3 durante mucho tiempo el derecho de asociaci\u00f3n; por otro lado, el derecho de voto directo de los ciudadanos qued\u00f3 confiscado en forma de <i>plebiscito<\/i> cuidadosamente controlado, mientras se establec\u00edan las elecciones controladas y reservadas a peque\u00f1as minor\u00edas de notables.<\/p>\n<p>Si bien la votaci\u00f3n en asamblea reaparecer\u00e1 m\u00e1s o menos a ra\u00edz de los cambios de r\u00e9gimen, en 1830 y 1848, el derecho de asociaci\u00f3n se disociar\u00e1 cada vez m\u00e1s, hasta que se constituya el primer movimiento obrero, que aspiraba a ejercerlo con la Asociaci\u00f3n de Productores, pero que inicialmente se manten\u00eda al margen de la pol\u00edtica.<\/p>\n<p><b>12. Ellos y nosotros<\/b><\/p>\n<p>Los \u00e9xitos del <i>primer refer\u00e9ndum<\/i> o, mejor dicho, de las primeras votaciones populares directas y decisorias estaban estrechamente asociados a las sucesivas ampliaciones de las funciones pol\u00edticas ejercidas por las asambleas de ciudadanos, desde las primeras reuniones deliberativas de 1789, que declararon sus <i>quejas<\/i>. El establecimiento, a partir de 1790, de una incre\u00edble variedad de instituciones elegidas, y despu\u00e9s la acumulaci\u00f3n de ensayos de votaciones ciudadanas decisorias en 1792, hizo que la votaci\u00f3n constituyente de 1793 retomara la totalidad o una parte de cada una de estas experiencias. Los intentos de participaci\u00f3n femenina o los debates que abordaban una gran cantidad de preocupaciones del momento rodearon la aprobaci\u00f3n de una Constituci\u00f3n que, tanto de hecho como de derecho, era a la vez democr\u00e1tica y representativa.<\/p>\n<p>En este sentido, esta votaci\u00f3n aparec\u00eda como una especie de s\u00edntesis de la forma en que los ciudadanos pudieron ejercer durante diez a\u00f1os sus derechos en asambleas de todo tipo. Esta experiencia excepcional, casi \u00fanica a esta escala, determin\u00f3 la condici\u00f3n que tendr\u00e1, durante todo un siglo, la Constituci\u00f3n de 1793. Ampliamente difundida en forma de folleto, se ha reeditado una y otra vez y se ha convertido en el texto de referencia de los dem\u00f3cratas, o m\u00e1s bien el proyecto com\u00fan de los revolucionarios y los dem\u00f3cratas. Sin embargo, se disoci\u00f3, incluso en c\u00edrculos restringidos, de la memoria concreta de las asambleas deliberativas de 1789 a 1799.<\/p>\n<p>El derecho de asociaci\u00f3n propiamente dicho surgi\u00f3 en el siglo XIX de la capacidad de un grupo de habitantes o residentes para ejercer su propia <i>porci\u00f3n de soberan\u00eda<\/i> y, de este modo, afirmar su ciudadan\u00eda en lo cotidiano. La concepci\u00f3n de un pueblo capaz de reunirse en asamblea solo fue desapareciendo muy lentamente y mucho m\u00e1s tarde. En esta transmisi\u00f3n, forzosamente parcial, necesariamente desviada, obligatoriamente reformulada, la importancia de las transgresiones sociales de la Revoluci\u00f3n y la de las formas pr\u00e1cticas del ejercicio de la ciudadan\u00eda se sumergieron en los principales recuerdos: el del enjuiciamiento de un rey por una asamblea elegida para hacerlo y el de su ejecuci\u00f3n, el de la manera en que el pueblo franc\u00e9s, reunido en asamblea y deliberando, termin\u00f3 constituy\u00e9ndose en un nuevo soberano.<\/p>\n<p>Por supuesto, toda la energ\u00eda utilizada para escamotear este momento fundacional, todos los intentos realizados por los dominantes, desde el Consulado hasta el Imperio y la Restauraci\u00f3n mon\u00e1rquica, de trivializar o incluso borrar este doble momento del tiranicidio legal y su sustituci\u00f3n por una rep\u00fablica han surtido efecto. Al reducir la Revoluci\u00f3n a un festival de violencia y expoliaci\u00f3n, se ha consolidado la formaci\u00f3n de una tradici\u00f3n propiamente contrarrevolucionaria. Este es el origen incluso de tradiciones pol\u00edticas opuestas, que, como podemos ver diariamente, no est\u00e1n muertas.<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que la poblaci\u00f3n de Francia mantiene una relaci\u00f3n muy especial con la memoria de la Gran Revoluci\u00f3n. \u00bfPruebas? Cualquier maestro de escuela secundaria que realice un curso sobre la Revoluci\u00f3n constatar\u00e1, a veces con sorpresa, el alcance de las convicciones de los alumnos y alumnas sobre este punto, incluso si sus familias provienen de la inmigraci\u00f3n, antigua o reciente. Y cuando, hoy en d\u00eda, cualquier gobierno franc\u00e9s, puesto en dificultades por la poblaci\u00f3n, sugiere recurrir a la redacci\u00f3n de <i>cuadernos de quejas<\/i>, hemos visto la cantidad de cautelas que acompa\u00f1an la propuesta.<\/p>\n<p>En su libro <i>La pesadilla que no acaba nunca <\/i>(2017), Pierre Dardot y Christian Laval afirman que \u201cel neoliberalismo se dedica activamente a derrotar a la democracia\u201d y muestran que no se trata en absoluto de un golpe de fuerza puntual para imponer medidas de austeridad provisionales, sino de un proyecto elaborado que vac\u00eda la democracia de su sustancia sin eliminarla formalmente. En efecto, explican que la gobernanza socioliberal a escala global exige romper completamente con las f<i>ormalidades <\/i>democr\u00e1ticas. Dardot y Laval utilizan la palabra <i>democracia<\/i> en su sentido m\u00e1s com\u00fan, la que se basa en instituciones electivas, la delegaci\u00f3n de poder, la representaci\u00f3n, esta democracia cuyos gobernadores nos aseguran todos los d\u00edas que justifica su pol\u00edtica y que se presenta como un compromiso relativamente indoloro entre las clases. Cabe tener otro concepto de democracia m\u00e1s exigente y reflexionar lo que ha hecho de ella en el pasado la fuerza que revisitamos estos d\u00edas.<\/p>\n<p>En Francia, desde hace d\u00e9cadas, las corrientes radicales tienden a no estudiar mucho la Revoluci\u00f3n francesa. Reflexionar sobre una revoluci\u00f3n <i>burguesa<\/i> parece un tanto incongruente para ellos en vista de las tareas del momento. Sin embargo, prescindir de este trabajo nos priva de los recursos de muchos debates antiguos y equivale incluso, en cierto modo, a favorecer los enfoques chovinistas tan frecuentes. Hasta el punto de que el escaso conocimiento de la Revoluci\u00f3n francesa por parte de los militantes radicales en Francia ha terminado convirti\u00e9ndose en una\u2026 excepci\u00f3n francesa. Los progresistas de otros pa\u00edses buscan, por el contrario, estudiarla y siguen leyendo lo que se publica sobre ella y no entienden nuestra reticencia, a veces incluso nuestra ignorancia.<\/p>\n<p><i>Serge Aberdam<\/i> es historiador, especialista de la Revoluci\u00f3n francesa, militante del Nouveau Parti Anticapitaliste (NPA, Francia) y de la IV Internacional<\/p>\n<p>Publicado en <i>Inprecor<\/i>, 659\/660, enero-febrero 2019<\/p>\n<p>Traducci\u00f3n: <i><b>viento<\/b><\/i><b> sur<\/b><\/p>\n<p><b><strong>Notas<\/strong><\/b><\/p>\n<p><b>1\/ <\/b>En las colonias esclavistas de las islas de az\u00facar, las asambleas de ciudadanos visibilizaron, por el contrario, las desigualdades raciales entre blancos, personas libres de color y esclavos, desencadenando con ello las terribles guerras que dieron lugar finalmente a la primera abolici\u00f3n de la esclavitud (1794) y despu\u00e9s a la independencia de Hait\u00ed (1804).<\/p>\n<p><b>2\/ <\/b>En t\u00e9rminos modernos, los departamentos de Yvelines (78), Essonne (91), Hauts-de-Seine (92), Seine-Saint-Denis (93), Val-de-Marne (94) y Val-d\u00bbOise (95).<\/p>\n<p><b>3\/ <\/b><i>Archives d\u00e9partementales des Yvelines:<\/i> 1 LM 361, manuscrit et imprim\u00e9 du PV; pp. 150-161 del impreso.<\/p>\n<p><b>4\/ <\/b>Este llamamiento de Seine-et-Oise asombrar\u00e1 m\u00e1s tarde a Jaur\u00e8s por su audacia; ver\u00e1 en \u00e9l un manifiesto que recalca los derechos de los trabajadores a la vida, en el enfrentamiento entre quienes dependen del precio del pan para comer y quienes obtienen beneficio con las harinas.<\/p>\n<p><b>5\/ <\/b>La importancia de este reparto depende, evidentemente, del tama\u00f1o local de los bienes comunales, y su historia no se detendr\u00e1 ah\u00ed<\/p>\n<p><b>6\/ <\/b>El <i>enrag\u00e9<\/i> Varlet hab\u00eda insistido en el invierno de 1792-1793 en la necesidad de dar mandatos imperativos a los representantes electos. V\u00e9ase su folleto de diciembre de 1792, <i>Projet de mandat sp\u00e9cial et imperatif<\/i>\u2026, Impr. Du Cercle social; Bnf: 8 Lb41,109, que continu\u00f3 transmitiendo en julio.<\/p>\n<p><b>7\/ <\/b>La bandera roja era el emblema oficial que se izaba cuando se proclamaba la ley marcial, para advertir que iba a haber fuego real.<\/p>\n<p><b>8\/ <\/b>Se trata de la primera votaci\u00f3n en la que podemos formarnos una idea del nivel de presencia.<\/p>\n<p><b>9\/ <\/b>Los Archivos Nacionales conservan copias de miles de estas actas, mientras que la casi totalidad de los originales redactados en los cantones han desaparecido.<\/p>\n<p><b>10\/ <\/b><i>Archives parlementaires,<\/i> tomo 68 (1905), p. 437<\/p>\n<p><b>11\/ <\/b>A partir de mediados de mayo, Varlet present\u00f3 sus treinta art\u00edculos a la asamblea electoral de Par\u00eds y despu\u00e9s a la Comuna; reed. Edhis 1969; L. Jaume 1989, pp. 265-279; R. Gotlib, art\u00edculo \u201cEnrag\u00e9s\u201d en A. Soboul, <i>Dictionnaire historique de la R\u00e9publique Fran\u00e7aise<\/i>, Par\u00eds, PUF, 1989<\/p>\n<p><b>12\/ <\/b>Comentario de Jacques Roux en su diario del 6 de agosto, de Th\u00e9ophile Leclerc en los de los d\u00edas 4 y 8<\/p>\n<p><b>13\/ <\/b>En noviembre, los vendeanos, derrotados ante el puerto de Granville, se retiraron hacia el sur, donde fueron v\u00edctimas, a su vez, de una gigantesca y feroz batida de exterminio. Volver\u00e1n a la guerrilla<\/p>\n<p><b>14\/ <\/b>Archivos Nacionales, C 267, 26 de agosto, firmado por Champion, presidenta, Lacombe y Barr\u00e9e, secretarios.<\/p>\n<p><b>15\/ <\/b>Brissotinos, rolandinos: partidarios de Brissot, diputado girondino, y de Roland, ministro girondino<\/p>\n<p><b>16\/ <\/b>El \u00faltimo n\u00famero, el 24, fechado el 15 de septiembre: \u201cSe hab\u00eda solicitado que se pusiera el terror en el orden del d\u00eda, dando cabida al funesto esp\u00edritu de venganza y de odio particular [\u2026]. Espero en cualquier momento la carta oficial que me retirar\u00e1 la palabra\u201d, cf. Cl. Guillon, 1993.<\/p>\n<p><b>17\/ <\/b>Estos grupos de militantes se denominaban ej\u00e9rcitos revolucionarios, pero no estaban sometidos a un r\u00e9gimen militar. V\u00e9anse los trabajos de Richard Cobb.<\/p>\n<p><b>18\/ <\/b>Se inspir\u00f3 tambi\u00e9n en la manera en que ciertos mon\u00e1rquicos contestaron el detalle de las votaciones de octubre.<\/p>\n<p><b>19\/ <\/b>Todav\u00eda estaba realiz\u00e1ndose el recuento, que al final dio alrededor de 1.100.000 votos.<\/p>\n<p><b>20\/ <\/b><i>D\u00e9bats et jugements de la Haute-cour s\u00e9ante \u00e0 Vend\u00f4me<\/i>\u2026, Par\u00eds, Baudouin an V, t. 3, p. 217-222<\/p>\n<p>Referencias<\/p>\n<p>Aberdam, Serge; Bianchi, Sege; Gainot, Bernard et al. (2006) <i>Voter, \u00e9lire pendant la R\u00e9volution fran\u00e7aise<\/i>, 1789-1799. Par\u00eds: CTHS (Gu\u00eda de investigaci\u00f3n, 2\u00aa edici\u00f3n revisada y ampliada, Par\u00eds).<\/p>\n<p>Aberdam, Serge (1991) \u201cSur le maximum des fermes\u201d, <i>\u00c9tat, finances et \u00e9conomie pendant la RF<\/i>, Comit\u00e9 pour l\u00bbhistoire \u00e9conomique et financi\u00e8re\u2026 Paris: Imprimerie nationale.<\/p>\n<p>Cobb, Richard (2018) <i>La mort est dans Paris<\/i>. Toulouse: \u00c9ditions Anacharsis.<\/p>\n<p>Daline, Victor (1987) <i>Gracchus Babeuf \u00e0 la veille et pendant la RF<\/i>\u2026, Mosc\u00fa: Ed. Progreso.<\/p>\n<p>Dardot, Pierre y Laval, Christian (2017) <i>La pesadilla que no acaba nunca<\/i>. Barcelona: Gedisa.<\/p>\n<p>Dommanget, Maurice (1970) <i>Sur Babeuf et la conjuration des \u00e9gaux<\/i>. Par\u00eds: Masp\u00e9ro, disponible en <a href=\"http:\/\/csacookbooks.com\/babeuf-et-la-conjuration-des-egaux-pdf-epub\/\" class=\"spip_url spip_out auto\" rel=\"nofollow external\">http:\/\/csacookbooks.com\/babeuf-et-la-conjuration-des-egaux-pdf-epub\/<\/a>.<\/p>\n<p>Guillon, Claude (1993) <i>Deux enrag\u00e9s de la R\u00e9volution, Leclerc de Lyon et Pauline L\u00e9on<\/i>. Par\u00eds: La Digitale.<\/p>\n<p>Markov, Walter (2017 <i>Jacques Roux, le cur\u00e9 rouge<\/i>. Par\u00eds: Libertalia\/SER.<\/p>\n<p>Vovelle, Michel (1986) <i>La R\u00e9volution fran\u00e7aise, Images et r\u00e9cit<\/i>. Par\u00eds: Messidor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mucho antes del comienzo del movimiento de los chalecos amarillos ya se plante\u00f3 la cuesti\u00f3n democr\u00e1tica y conven\u00eda reflexionar sobre su lugar en los movimientos sociales. Volver a las fuentes de esta confrontaci\u00f3n entre la representaci\u00f3n y las exigencias de expresi\u00f3n popular nos puede llevar lejos porque el debate sobre la democracia se remonta a la Antig\u00fcedad griega. 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